Sostenibilidad social para Latinoamérica: Oportunidades y desafíos

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Autor: Nicolás Raffo Menoni

Latinoamérica es una región hermosa pero compleja. Teniendo riqueza material, humana y natural, adolece de una distribución injusta y no equitativa que llevan a que sea la región que presenta mayores desigualdades a nivel global. A lo largo del tiempo le ha costado poder sentirse y definirse como una región con rasgos y particularidades comunes que deberían servir de elementos aglutinadores y unificadores como región. Ante este panorama, la sostenibilidad en general y su dimensión social en particular se ven fuertemente amenazadas y comprometidas hoy y hacia el futuro. Esta situación presenta un montón de desafíos, pero también oportunidades que se deben considerar y abordar en forma urgente para poder lograr una mejor calidad de vida para todos los habitantes que residen en la región. El Turismo como actividad, si se desarrolla con buenas planificaciones y si se gestiona adecuadamente, por su naturaleza y sus características puede llegar a convertirse en una herramienta útil y poderosa para colaborar con ese fin. Esto implica un diagnóstico previo, una visión deseable a alcanzar y una planificación fuerte que permita delinear un posible y sobre todo sostenible camino de acción. En el siguiente desarrollo se pretende dar elementos de destaque que se deberían tener en cuenta para poder comprender primero y emprender después ese camino de acción común.

Palabras claves: Sostenibilidad, Sostenibilidad Social, Turismo.

Introducción:

La sostenibilidad definida y simplificada en cómo resolver las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones, hace rato que se usa para predicar por un Turismo que sea más sostenible en el tiempo.

Sin dudas es un concepto en el que todos estamos de acuerdo en cuanto a su importancia y necesidad pero que en la práctica, al día de hoy dista mucho de un uso racional e igualitario.  En este punto se debe ser más específico y mencionar lo que respecta a los impactos negativos que se generan por el desarrollo de la actividad humana en los distintos lugares, países y regiones.  A modo de ejemplo se puede mencionar que solo tres países como Estados Unidos, China e India representan al día de hoy más del 50% de la contaminación global.

Si enfocamos el tema en el desarrollo de la actividad turística, veremos que actualmente si bien se ha avanzado en el tema, sobre todo en lo que respecta a la concientización y en la necesidad de acciones a desarrollar; la actividad no es sostenible aún.

Estos detalles no pueden perderse de vista, porque en el caso contrario estamos ante una visión romántica de la sostenibilidad y ante situaciones que llevan a un campo fértil para que muchas personas, empresas y destinos directamente engañen a sus clientes diciendo o promoviendo una sostenibilidad que realmente no tienen. Son las denominadas acciones de “green washing” o marketing verde que manejan la lógica de “te incendio toda la pradera pero te regalo un balde con agua”.

La sostenibilidad abarca diferentes dimensiones como la económica, la ambiental y la social.

Este dato no es menor, porque generalmente no hay problemas para asociar y comprender los conceptos que abarcan a la dimensión ambiental, pero se vislumbran carencias a la hora de comprender el concepto social y el económico de la tríada mencionada.

No resulta difícil comprender que la dimensión ambiental abarca el uso o la gestión eficiente de los recursos naturales, pero intentando preservarlos o regenerarlos para el futuro próximo.

Cuando se pasa a la dimensión económica, se hace alusión a la rentabilidad y la generación de ingresos que deben generarse como parte de la explotación de la actividad, pero agregando que debe ser en base a un uso responsable en lo ambiental y en lo social.

Y en lo que respecta a la dimensión social, se trata de que las actividades que se generen protejan, valoren y respeten las culturas que se vinculan por intermedio de la actividad.

Claramente las tres dimensiones son vinculantes e interdependientes entre sí y cuando una se desarrolla en demasía o en detrimento de las demás, se generan fricciones y desequilibrios que atentan contra la sostenibilidad toda. Lo mismo acontece si alguna de esas dimensiones directamente no se aborda o se deja de lado; los desequilibrios no tardarán en aparecer.

Hasta el momento hay evidencia de sobra de que se ha venido priorizando la dimensión económica sobre las demás dimensiones y hay datos elocuentes que lo reflejan. Uno de ellos es presentado en el “Informe sobre el estado de la financiación para la naturaleza” por la Organización de Naciones Unidas (ONU 2023) que nos dice que a nivel global en el año 2022 se han invertido aproximadamente US$200.000 millones en la búsqueda de soluciones para la naturaleza y el medio ambiente, pero en el mismo período se han invertido casi 30 veces más en actividades que causan un impacto negativo directo sobre la naturaleza.

Si nos fijamos en el Turismo, según cifras de la Organización Mundial del Turismo (OMT) la actividad representa un 6% de las emisiones de carbono a nivel global, siendo el transporte el sector que más contamina, representando más del 75% de ese total.  Esto se traduce en que a pesar de los esfuerzos por generar iniciativas que sean menos dañinas para el medio ambiente, como se mencionó anteriormente, todavía estamos muy lejos de lograrlo. Estos datos podemos refrendarlos en informes como la reciente “Declaración de Glasgow” o en el “Informe de las emisiones de CO2 del sector turístico correspondiente al Transporte” de la OMT.

Otro ejemplo más podemos vislumbrarlo en el alcance de la denominada “Agenda 2030” promovida por la ONU en el año 2015. Hoy a mitad de camino ya se sabe que no se estaría alcanzando ninguno de los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible definidos y que se está haciendo agua en prácticamente más de la mitad de los 169 indicadores en base a los que se miden sus logros y alcances.

Esta situación es peor en los países denominados como pobres o en desarrollo que en los países denominados como ricos o desarrollados.

Sin dudas algo estamos haciendo mal y no estamos siendo capaces de conciliar la necesidad con la realidad.

Deben ser los gobiernos y los organismos internacionales con competencia en el tema quienes legislen, fiscalicen y sanciones a quienes no cumplan con las obligaciones previstas y no dejarse el tema a la libre y buena voluntad de las empresas, las personas o el propio planeta Tierra, que ya han demostrado no ser suficientes en el tema.

No se puede dejar el tema en manos de las empresas, porque las empresas manejan la lógica de los ingresos primero por sobre la sostenibilidad. No habrá ninguna empresa sostenible, que primero no sea rentable. O dicho de otra manera, hoy prima la lógica de que las empresas serán rentables primero y luego sostenibles o no lo serán.  El desafío pasa por lograr que puedan ser rentables y sostenibles al mismo tiempo.

No se puede dejar en manos de las personas porque a pesar de que todo esfuerzo sume y cuente, no son capaces de lograr avances solas y de gran magnitud, sin organizarse debidamente.

Y tampoco se puede dejar en manos de la libre regeneración del planeta, porque si bien intenta reaccionar frente a los desequilibrios originados por el humano, sus respuestas en base a mayores inundaciones, sequías y tormentas no solo no son suficientes, sino que generan enormes pérdidas y destrozos que es necesario prever y evitar.  Según el reporte “Counting the Cost 2023: A year of climate breakdown”, los desastres naturales han provocado daños en la región que totalizan cientos de millones de dólares.

Elaboración Propia

Enfocando el tema en Latinoamérica:

En clave de residente en la región y preocupado especialmente en el tema, enfocaré el tema respecto a mi zona de residencia y para ello un par de precisiones de rigor.

Hay confusión respecto a lo que significa e incluye Latinoamérica o América Latina. Para este trabajo se adoptará la postura de que es la que integran o comprende a los países cuyo lenguaje se relaciona con las lenguas romances o se desprenden del latín como lengua madre (y en estos casos hablamos del español, el francés y el portugués), quedando excluidos el inglés, el holandés, pero incluso muchas lenguas originarias de los pueblos autóctonos de la región a la que hacemos referencia.  Se debe dejar constancia de que hay otras miradas con apoyos y detractores según la postura y el origen que se defienda por parte de quienes definan estos postulados. Esto lleva a que en algunos textos se habla de 20 países y en otras posturas se mencionan hasta 33 países como parte de la región.

Luego podemos hablar de Iberoamérica, que es la que incluye a los países de la península ibérica (Andorra, España y Portugal) y a todos los países americanos que reconocen esas lenguas como oficiales y fueron colonias de España y Portugal.

Podemos hablar de Hispanoamérica, que incluye a los países de habla hispana y que se encuentran geográficamente dentro del territorio de las Américas, por lo cual quedan fuera España y Brasil, entre otros países.

Y por último podemos hablar de Panamérica, que serían los países incluidos en las tres Américas (del norte, central y del sur, desde Canadá hasta la Argentina, que serían los extremos).

Esta información es de rigor porque muchas veces y erróneamente se mencionan algunos de esos términos como sinónimos cuando en los hechos no lo son.

Características, particularidades y singularidades de Latinoamérica:

Hecha la aclaración me enfocaré en mencionar algunas características y particularidades de Latinoamérica que sirvan para definir la cuestión a analizar.

Hablamos de un territorio que comprende a un entorno cercano a los 650 millones de habitantes (que representan el 8% de la población global), distribuidos en más de 30 de países y que abarcan a más de la mitad del continente americano.

Si bien uno solo de esos países habla portugués y es Brasil, su población representa casi la tercera parte del total, con más de 216 millones de personas. Este país en particular es una de las grandes economías a nivel global, a pesar de contar con características y peculiaridades que lo llevan a ubicarse dentro de los denominados países en desarrollo.

La región maneja unos índices de urbanización que rondan en el 81%, pero que en casos como Uruguay se elevan hasta el 95% de urbanización.

Esta realidad urbana contrasta con que la región posee el 12% del territorio cultivable del mundo y es un fuerte proveedor de alimentos y minerales a nivel global. Y se menciona contraste, porque es un territorio con alta urbanización pero también con grandes

extensiones rurales.  Si se quiere analizar el impacto social de esta realidad, se debe tomar en cuenta esta situación de fuerte movilización de las personas hacia las ciudades.

A nivel urbanístico, tal como conocemos hoy al fenómeno y desconociendo las civilizaciones previas a la conquista europea, podemos mencionar ciudades que cuentan con una historia que ronda en más de 500 años y otras como Montevideo que recién están alcanzando los 300 años desde su fundación. Esta realidad obedece al proceso colonizador seguido en el territorio y su desigual expansión.

A nivel de curiosidades es un territorio que tiene una rica y variada diversidad en lo que respecta a flora y fauna. En lo vinculado al medio ambiente cuenta dentro de sus territorios con el Río más caudaloso del mundo (el Amazonas), otro con el estuario más ancho del mundo (como el Rio de la Plata) y tiene zonas montañosas, nevadas, desiertos, praderas y glaciares que no hacen más que destacar la rica diversidad que se puede encontrar.

Es también destacable la rica diversidad cultural que se puede apreciar a lo largo y ancho del territorio y que debe ser un elemento ineludible de referencia para poder trabajar una mejor y mayor sostenibilidad social.

A nivel social, que es uno de los enfoques que se quieren destacar en este trabajo, se hace referencia a una zona que presenta grandes contrastes y desigualdades en lo que respecta a los índices de pobreza y desarrollo social. También en lo que respecta al acceso a la salud, la seguridad, la educación y muchos otros aspectos que se toman como referencia a la hora de poder definir la calidad de vida de las personas.

Tenemos personas que acceden a estándares de calidad de vida que no tienen nada que envidiar a los estándares de vida de los países más ricos y desarrollados; y por otro lado tenemos vastos sectores de la población que no tienen nada que envidiarles a los peores estándares de vida posibles a nivel global. Este detalle no es para nada menor si se quiere hablar de sostenibilidad social. No hay sostenibilidad social posible si no se atacan estas grandes y tristes desigualdades. En una zona que es rica en alimentos, producción, disponibilidad de minerales y tanta biodiversidad, debe ser posible apuntar contra estas desigualdades tan marcadas y notorias.

Cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal 2023) nos hablan de que el decil más rico de la población de la región recibe cifras 21 veces mayores que el decil más pobre; y que el 10% más rico tiene el 30% del ingreso total mientras que el 20% más pobre tiene solo el 6% de ese ingreso. Esta es una realidad bastante desagradable y la peor a nivel global.  Para graficar mejor este aspecto y según datos de Bloomberg (2023), las 5 personas más ricas de la región tienen en su conjunto más de 200.000 millones de dólares y han visto incrementar sus patrimonios en el último año lectivo.

También y manejando cifras de la Cepal, en el informe del año 2023 nos dice que la tasa de pobreza promedio de la región oscila en una cifra cercana al 29% de la población total, lo que implica que hay más de 183 millones de personas en la región que no cubren sus necesidades básicas; y 72 millones entran dentro de los guarismos que se consideran como pobreza extrema. Sin dudas son cifras que duelen y que atentan directamente contra la sostenibilidad toda, pero en especial en su dimensión social. En los guarismos manejados hay países que tienen tasas de pobreza menores al 5% y otros que superan fácilmente el 40%.

Hay que destacar que las cifras han mejorado levemente respecto a las manejadas en el año posterior a la pandemia de Covid 19, pero su reducción es muy lenta y no acompasa los requerimientos requeridos por la agenda 2030 para la erradicación de la pobreza.

Sumado a la realidad mencionada en el punto anterior, lleva a que la región también presente unas cifras enormes en lo que respecta a procesos migratorios que se dan a nivel de toda la región, debido a la inestabilidad social, económica y política que se vive en varios de los países que la conforman. Estos procesos migratorios involucran a millones de personas que se desplazan hacia otros países diferentes a los de su residencia original, en busca de un mejor futuro y una esperanza que no encuentran en sus lugares originales de nacimiento.

Según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID 2023) son más de 41 millones de Latinoamericanos los que viven fuera de sus países de origen, lo que constituye uno de los flujos más fuertes a nivel global. Estos procesos migratorios se dan con muy fuerte incidencia hacia el interior de la misma Latinoamérica, pero también con personas que tratan de dejar la región intentando cruzar hacia los Estados Unidos o hacia Europa, con miras a lograr una mayor calidad de vida.

Según cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en el año 2020 eran 26 millones de Latinos quienes emigraron hacia los Estados Unidos y otros 5 millones hacia Europa, lo que representa casi un 5% del total de la población de la región.

Sin dudas son procesos que no son exclusivos de Latinoamérica y se producen a nivel global, pero es un fenómeno que no se puede desconocer, ya que son innumerables los informes y las pruebas de que estas personas en búsqueda de una mayor estabilidad pasan a formar parte de un círculo vicioso que genera justamente nuevas formas de pobreza, desarraigo, exclusión, inseguridad e inestabilidad social. Esta realidad afecta fuertemente a niños y mujeres, lo que lleva a que el fenómeno agrande las actuales brechas de género que ya existían desde antes.

Si se analizan los índices de calidad de vida en nuestras ciudades, ese dato nos puede dar una visión de cómo vienen posicionadas las ciudades latinas a nivel global. El ranking de la consultora francesa Mercer, para el año 2023 y tomando a Nueva York como la ciudad de referencia para las comparaciones, muestra que la primera ciudad latina se ubica en el lugar 89. Montevideo es quien ocupa ese lugar, luego viene San Juan de puerto Rico en el lugar 92 y Buenos Aires en la posición 100 las tres primeras en ubicarse. Ese dato no es menor, porque para la puntuación obtenida se miden indicadores como acceso a la vivienda, la educación, la seguridad, estabilidad política, etc, que son indicadores que se vinculan directamente con la sostenibilidad social, y el dato habla de que es una región que se ubica lejos de los primeros lugares y de las ciudades más desarrolladas.

Si tomamos indicadores respecto a la educación, que siempre se ha considerado como una herramienta que puede ayudar a minimizar las brechas y generar oportunidades hacia el futuro, veremos que la región no escapa tampoco a las desigualdades en cuanto a su acceso. Esas desigualdades pasan por el acceso al sistema educativo mismo y también por las brechas digitales que presenta la región en cuanto al acceso a conectividad digital, que es uno de los caminos para poder ofrecer educación y capacitación a distancia o en línea.

Según cifras manejadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) nos dicen que el 20% más rico de la población tiene 5 veces

más chances de finalizar los estudios del segundo ciclo de secundaria que el 20% más pobre de la población. Ese dato termina definiendo que son las colectividades más vulnerables como las indígenas y las afrodescendientes las que tienen menos chances de finalizar sus estudios y que es más que probable que tengan menos chances a futuro en lo que respecta a su inclusión laboral de calidad, lo que se transforma en un instrumento más de marginación y discriminación.

Nadie en la región dice que quiere tener una educación que no sea inclusiva, pero en los hechos termina siendo así, lo cual atenta directamente contra el logro del Objetivo para el Desarrollo Sostenible 4 de la agenda 2030, que es el que refiere a “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad”.

Un tema no menor es el de las personas con discapacidad, que es otro colectivo que en los hechos tiene menos acceso a la educación, a pesar de todos los acuerdos, convenios, discursos, legislaciones y normativas vigentes en la mayoría de los países.

Como en todo análisis de impacto que se quiera hacer a nivel de una región, es justo mencionar que hay países que prácticamente han podido eliminar las brechas en lo que respecta el acceso a la educación en general y a la educación por vía de acceso digital y hay otros países donde todavía esas brechas son enormes. También debe mencionarse que las personas con mejor nivel económico, independientemente del país de referencia, siempre tienen mejores oportunidades de acceder a contextos educativos de calidad que aquellas personas que se ubican dentro de las poblaciones menos privilegiadas.

Si se habla de Brechas de género a nivel de la región (que es el indicador que se puede tomar para establecer la disparidad existente entre hombres y mujeres), podemos hablar de disparidades en lo que respecta al acceso a los puestos laborales, los ingresos percibidos, la estabilidad y su formalidad. Pero también podemos hablar de acceso a la educación, la salud, la seguridad y muchas dimensiones más que sirven para graficar la situación.

Otro indicador que se debe tomar en cuenta es el que vincula la cantidad de tiempo en horas dedicada al trabajo remunerado y al no remunerado, donde la región también presenta una gran brecha en detrimento de las mujeres.

La brecha de género es una realidad a nivel global, no es específica de una región y tenemos el denominado “Informe global sobre la brecha de género” que se publica en forma anual desde el año 2006 y que la evalúa en diferentes índices y subíndices.

Para el año 2023, América Latina en base al análisis de 146 países que se tomaron de muestra para esta edición viene a la saga de Europa y América del Norte pero por encima de regiones como África, Eurasia. Oceanía y Oriente medio.

En indicadores que toman como base 100 el caso hipotético de que no existiese esa brecha, Europa obtiene una puntuación de 76,3%, América del norte obtiene un 75% y América Latina y el Caribe llegan a un 74,3% frente al 68% de Asia y un 62,3 % de África que es la región actualmente más dispar.

A nivel de países, los que mejores resultados obtienen manejan cifras en el entorno del 80% y son los denominados países nórdicos en Europa.

Una cifra que debería impactarnos es la que hace referencia a que con el ritmo actual, estamos a 131 años de poder cerrar esta brecha, que no es difícil deducir que impacta directamente en cualquier intento de promover una correcta sostenibilidad social.

Extraído de: https://es.statista.com/grafico/30267/tiempo-necesario-para-cerrar-distintas-brechas- globales-de-genero-al-ritmo-de-progreso-actual/

Cuando se enfoca el tema en la discapacidad y la accesibilidad en nuestra región, se puede hacer alusión a varios informes y estudios que muestran cifras en el entorno de 100 millones de personas que padecen algún tipo de discapacidad. Ellos representarían el guarismo que se maneja a nivel global de un 15% de la población con algún tipo de discapacidad.  Uno de cada 5 hogares en la región tiene a alguno de sus integrantes con algún tipo de discapacidad.

No es difícil de deducir que esta población padece todo tipo de discriminación, marginación, segregación y falta de acceso a todos los aspectos que se quieran tomar de referencia o a modo de indicador.  Son personas que tienen menos acceso a la educación, al trabajo, la salud, la seguridad y por consecuencia padecen de mayores niveles de pobreza.

Esta realidad no está resuelta al día de hoy en ningún país del mundo, a pesar de que hay países más desarrollados que gozan de mayores y mejores infraestructuras. Lo triste en estos casos es que las mayores barreras están todavía hoy a nivel actitudinal del resto de las personas, que se suman a la falta de desarrollo en infraestructuras y a otras carencias que inciden directamente en la accesibilidad y la inclusión.

No se puede desconocer que ha habido mejoras, más en algunos países y regiones que en otros, pero todavía nos falta. Es un hecho que como sociedad se está todavía en deuda con muchas personas y que también esta realidad afecta directamente a la sostenibilidad en su dimensión social.

Tampoco se puede dejar de mencionar a la Salud y su estado de situación en la región. Latinoamérica fue la región más golpeada por la pandemia de Covid 19 y según cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS 2021), solo en el año 2020 fueron 850,000 personas las que fallecieron en la región y fueron más de 35 millones las que se vieron infectadas y afectadas por la enfermedad.  Estas cifras fueron aumentando con el correr del tiempo y no hicieron más que desnudar la fragilidad del sistema sanitario de la región.

Esta situación de pandemia tuvo efectos directos e indirectos sobre los estándares y calidad de vida de muchas personas que se vieron afectadas por pérdidas laborales, económicas, familiares y de muchos tipos más. La salud no fue la excepción y se desnudaron grandes brechas entre quienes pueden acceder y quienes no. En las infraestructuras y servicios disponibles para unos y para otros no.

La organización Mundial para la Salud (OMS) hace una correlación directa entre pobreza y falta de acceso a la salud, por lo cual si repasamos cifras ya mencionadas precedentemente, con 183 millones de personas que no cubren sus necesidades básicas en la región, es fácil deducir que hay un gran número de personas que tienen problemas para acceder a los mejores estándares de salud.

Si relacionamos también con las brechas de género ya mencionadas anteriormente, no es difícil deducir que las mujeres son las más afectadas por esta realidad, y sobre todo las que dependen de otras personas para poder acceder a la necesaria atención.

Al hacer referencia a la esperanza de vida, luego de la pandemia la región perdió una media de 3 años de vida con respecto a la situación anterior. Se pasó de 75,1 años de esperanza de vida al nacer en el año 2019 a los 72,1 años en el 2021, que significa la caída más grande a nivel mundial por regiones.

No obstante el dato anterior, también es una región que tiene una marcada tendencia a la desaceleración del crecimiento de la población lo cual se ve agravado por un envejecimiento poblacional. Esto llevará según cifras del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE) a que en el año 2047 la población mayor de 60 años supere a la población menor de 15. Estas cifras, de no preverse y generar acciones concretas también incidirán en forma directa en la sostenibilidad social de la región.

Todo lo precedentemente mencionado conduce a que la región se vea sometida constantemente a inestabilidad, a recurrentes cambios y vaivenes políticos, debido al descontento de la gente en general y ante la falta de soluciones frente a toda la problemática reseñada. A modo de ejemplos se pueden señalar los cambios de gobiernos recientes en Argentina, Brasil, Ecuador y Guatemala que sirven para graficar el humor de las personas en general.

¿Y ante todo este panorama qué?

Sin dudas son muchas las interrogantes, los miedos y las preguntas que deben surgir ante esta realidad.

¿Qué podemos hacer frente a esta realidad?

¿Cuáles son las oportunidades y los desafíos que debemos afrontar como región?

¿Qué parte nos toca a cada gobierno, cada persona y cada país dentro de esta situación?

¿Y el Turismo?

¿Qué puede aportar el Turismo como actividad para solucionarla?

¿Cuál o cuáles deben ser los caminos viables, posibles y sobre todo sostenibles?

¿Es posible la sostenibilidad?

Para esas preguntas es que se intentará aportar una mirada que sume para lograr obtener una mayor sostenibilidad.

En principio es difícil ver, ante la realidad actual, cuál puede ser el camino a recorrer para lograr una mayor y mejor sostenibilidad social. Sin dudas no habrá una única opción y hablamos de una región que generalmente le cuesta visualizarse como una unidad y generar instancias de manera conjunta. El primer gran desafío pasará por ahí, por generar un bloque que pueda potenciar sus fortalezas, que las tiene, para minimizar sus debilidades que ya debe de haber quedado claro que las tiene también.

Sin dudas hay una responsabilidad política y de liderazgo que debe aflorar de manera más decisiva y proactiva. Esperar a que sea la gente común la que se organice es utópico y llevaría demasiado tiempo.

Se debe poder trabajar en las semejanzas, coincidencias y necesidades comunes y no sobre las diferencias y los intereses particulares.

Sin dudas que hay que apelar a que todos primero puedan ordenar la casa para luego poder trabajar con la del vecino y en ese caso la solidaridad debe ser un hecho y no una linda intención.

Se tiene que poder generar una visión común que una a todas y todos.  Una visión que permita marcar un camino común, en el que claramente podamos respetar nuestras individualidades y nuestras virtudes, pero en un viaje común.  Para hablar en términos de región tenemos que armar un tren en el que podamos subirnos todos, en el caso contrario estaremos perdidos y seguiremos intentando caminar solos.

En el mundo hay ejemplos de casos de éxito y de los otros. Miremos aquellos en los que podamos reflejarnos mejor, para luego adaptar un camino que nos sea común y viable.

Veamos las buenas prácticas de cada país de la región, en cada uno de los aspectos que se quieran mejorar para poder compartir experiencias, replicarlas dentro de lo posible y sostenerlas en el tiempo.

Es muy Latino el querer cambiar todo de golpe y en muchos casos haciendo “borrón y cuenta nueva”, lo cual es un grave error. Seguramente se tiene que disentir e intercambiar miradas, pero de todo proceso se puede aprender y sacar algo bueno y no todo está mal. Máxime si no se tiene una mejor propuesta como alternativa.

Tenemos riquezas, alimentos, minerales y capital humano de sobra como para poder aprovecharlos en formas más proactivas, inclusivas y por sobre todas las cosas de manera más justa y más equitativa.

También tenemos personas que han generado fortunas obscenas y desmedidas mientras que otras no subsisten con más de un dólar al día.  Es justo reconocer el esfuerzo y el trabajo bien hecho, sí; pero también lo es reconocer que no se puede generar y atiborrar en forma desmedida y en detrimento de los demás.

¿Esto implica confiscar o generar medidas extremas de retención? NO. Implica buscar formas de acuerdo donde todos puedan establecer sinergias ganar – ganar para la mayoría.

Las utopías sirven para caminar, para generar sueños que se puedan cristalizar.

¿Qué aportes puede hacer el Turismo como actividad?

El Turismo es una actividad que genera grandes impactos en la sostenibilidad y muchas veces se ha planteado el debate sobre si es sostenible o no.

En lo personal, mencioné al inicio que creo firmemente que en la actualidad no lo es y son claros los impactos nocivos que genera sobre todo en lo ambiental y en lo social.

Pero creo firmemente también que pueden generar los cambios necesarios para convertirla en una actividad más sostenible.

Nuestra región no es de las que más contaminan a nivel global y podemos apelar a un cambio de las matrices energéticas basadas en energías limpias y renovables, camino que ya tienen avanzados países como Brasil, Costa Rica y Uruguay que pueden tomarse de ejemplos.

Tenemos una oportunidad genuina de poder incidir en la dimensión ambiental de la sostenibilidad de manera contundente y proactiva. Este aspecto debe ser un puntal en el desarrollo turístico de la región y debe tomarse muy en serio porque somos una región rica en naturaleza, que contamina poco, pero que sus ecosistemas son muy vulnerables a la contaminación y el cambio climático que nos afecta hoy.

Si pasamos a la dimensión económica de la sostenibilidad, actualmente el Turismo genera un importante impacto económico en la región. Impacto que incide en forma diferente en cada economía o país que se tome como referencia.

Según el informe publicado por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC 2023) el Turismo aportará este año a la región más de 17 millones de empleos, generará divisas por más de 319 mil millones de dólares y representará en el entorno del 8 % de la economía total.  Esto habla de una recuperación frente a las cifras prepandémicas, pero ese desarrollo se divide en forma desigual entre los países de la región. A modo de ejemplo, solo México, recibe más turistas internacionales que toda Sudamérica junta.

En nota publicada por Bloomberg (2023) y según datos del BID, la región tiene una alta dependencia del Turismo, con una clara incidencia para las economías ubicadas en la zona del Caribe, donde hay países que tienen una dependencia extrema que llega a cifras que oscilan cercanas al 60% en lugares como Bahamas, Barbados o Jamaica.

Estas cifras surgen del denominado Índice de Dependencia del Turismo (IDT) que se calcula utilizando datos respecto a 175 países del mundo, y donde 20 de las economías más dependientes se ubican en la zona del Caribe.

Gráfico extraído de Bloomberg: https://www.bloomberglinea.com/2023/03/23/cuanto-dependen-del- turismo-argentina-brasil-mexico-y-el-resto-de-latam/

En lo que respecta a la competitividad de los países de la región y según el ranking publicado en el índice de Desarrollo de Viajes y Turismo publicado por el Foro Económico Mundial (2022) muestra que los países de la región aparecen recién a partir del lugar 50, salvo Chile (34), México (40) y Brasil (49). Esto nos marca que hay todavía que trabajar mucho más para un mejor posicionamiento competitivo de la región.

Si se toman las cifras manejadas por la Organización Mundial de Turismo en cuanto a las llegadas internacionales de turistas, se puede apreciar claramente que la región representa todavía poco en el concierto internacional o si se lo mira desde otro punto de vista, que tiene un potencial enorme de crecimiento. Este aspecto debería ser tenido en cuenta en una estrategia de desarrollo y promoción, porque los atractivos naturales, que abundan en la región, pueden llegar a ser un gran imán si se los trabaja adecuadamente.

Pero sin olvidar que el turismo genera hoy efectos negativos en el medio ambiente que recibe a los turistas por lo cual la estrategia no debe convertirse en un boomerang que termine generando su propio daño. En el entendido de que más turistas, si no se aplica una mirada sostenible clara y a largo plazo terminará generando mayores ingresos pero a costas de mayores daños ambientales. Daños originados en el transporte, en las aglomeraciones de personas, etc.

Por su realidad, el Turismo puede incidir positivamente en la dimensión social de la Sostenibilidad, porque es una actividad en la región que es desempeñada por muchas mujeres y colectivos que son considerados como de los más marginados y vulnerables de la región.

Es una actividad desarrollada también por muchas de las denominadas micro y pequeñas empresas, que son el sostén principal de muchas personas residentes en la región.

Involucra actividades que podrían ayudar a desestacionalizar las temporadas de trabajo, generando puestos laborales genuinos y generando ingresos genuinos y que se pueden llegar a distribuir en forma directa entre quienes los generan. Este punto también podría incidir para frenar la denominada fuga de capitales vinculados al Turismo. Situación por la cual se ve afectada la región, siendo generadora de divisas que terminan en gran parte yendo hacia el exterior.

Si se planifica y desarrolla correctamente, el turismo, podría llegar a ser una actividad que genere iniciativas que no hagan a los países involucrados tan dependientes de un solo producto como lo es el “Sol y playa” para muchas economías, sobre todo del Caribe.

Involucra también a actividades que pueden ayudar a frenar los flujos migratorios hacia las ciudades y permitir desarrollar zonas rurales que hoy sufren de un fuerte desarraigo y abandono.

Para ello se tendrá que capacitar y preparar a las personas que quieran desempeñarse en el sector por lo cual tendremos oportunidades para desarrollar una mejor y mayor educación en cuanto a su utilidad y alcance. Esta oportunidad deberá servir para formar a quienes quieran desempeñarse en la actividad, apelando a dotarles de los conocimientos, habilidades, capacidades, competencias y destrezas necesarias, que también podrá contribuir para minimizar la actual brecha digital en el acceso a la tan necesaria educación.

Este punto tiene su talón de Aquiles en la falta de conectividad en algunos países, en la necesaria preparación de los docentes que deberán participar en estos procesos y en la necesidad de programas educativos de calidad. Pero si se logra mejorar los programas, la conectividad y capacitar a los docentes en las nuevas tecnologías disponibles, tendremos un círculo virtuoso para poder incidir a nivel educativo.  Hay ejemplos a nivel regional como los de Uruguay con el Plan Ceibal, donde cada niño en edad escolar y liceal recibe un ordenador para poder desarrollar y complementar su proceso educativo.

Si se planifica bien, es una actividad que puede generar círculos virtuosos donde la economía circular sea una realidad que sirva para afianzar las actividades de zonas y regiones puntuales, donde todos se complementen a lo largo de toda la cadena de valor del Turismo. No es utópico pensar que un pequeño poblado, puedan ser sus propios residentes quienes se encarguen de hacer los recorridos, se encarguen de las conectividades de transporte necesarias, que puedan explotar y valorar mejor sus tradiciones gastronómicas, culturales y patrimoniales, que puedan también generar y gestionar los productos y servicios directos y complementarios de apoyo para la actividad turística y mucho más.

Un detalle no menor y que no puede escapar si queremos una verdadera sostenibilidad social, es el de que muchos millones de personas no pueden acceder a viajar, y lo que es peor, ni siquiera hacerse la idea de que podrían hacerlo. Si se dice que el Turismo debería ser un derecho humano, se tiene que buscar por todos los medios que todas y todos puedan acceder a esas experiencias de alguna manera.

Los programas de Turismo Social deberán sostenerse y reforzarse. En este punto deben ser los estados quienes lo incluyan dentro de sus políticas sociales y máxime en el entendido de que estas actividades podrían servir de sostén para los momentos en que la actividad turística se reduce y ayudarían a sostener la infraestructura existente. También dinamizarían la economía con divisas provenientes del Turismo interno que cada país pueda desarrollar y fomentaríamos una actividad de manera más justa y equitativa.

Todos los puntos mencionados precedentemente se alinean perfectamente dentro de los Objetivos de la Agenda 2030, por lo cual se podrían adaptar y tomar muchos de los 169 indicadores propuestos para generar acciones que sean sólidas y consistentes en esa dirección.

¿Esto sucederá por arte de magia?

La respuesta es claramente NO. Habrá que apuntalar esas iniciativas, desde la gobernanza, con miras a apoyar en forma directa e indirecta para que surjan esas iniciativas.

La ayuda pasará por generar las condiciones y ayudas necesarias para desarrollar la infraestructura necesaria; por la capacitación y educación en las habilidades, competencias y conocimientos que se requieran para poder desarrollar las actividades; por generar normas y legislaciones claras para todos los actores; por poder colocar y difundir estas acciones dentro de un plan particular para la zona, pero otro aún mayor a nivel nacional e incluso regional.

Un lugar particular puede llegar a ser un destino por si mismo o incluso podría ser un producto dentro de una propuesta o varias propuestas más ambiciosas.

Sin dudas estos cambios necesarios no se darán de un día para otro, pero si se establece una visión clara y común; si se generan planes de acción que permitan generar un camino común y si estos planes se sostienen en el tiempo, sin dudas tendremos más chances de valorizarnos y destacarnos como región.

Valorizarnos de una manera más justa y equitativa a la que prevalece hoy.

Las debilidades y las amenazas están, pero las oportunidades y los desafíos también y bien vale la pena el esfuerzo para poder tener una Latinoamérica más fuerte y unida; más justa y más inclusiva, con mayor redistribución de la riqueza disponible.

Solo así podremos hablar de una verdadera sostenibilidad social y luego sostenibilidad toda.

Como dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano (1989) sobre una frase atribuida al cineasta argentino Fernando Birri:

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”

Y vaya si vale la pena intentarlo…

Mag. Nicolás Raffo Menoni Nicoraffo74@gmail.com

Bibliografía de consulta:

Azcárate T., Benayas J., Nerilli G. y Justel A. (2019). “Guía para un Turismo Sostenible. Retos del sector turístico ante la Agenda 2030”. REDS, Madrid.

Bid, Pnud y Ocde (2023). ¿En qué situación están los migrantes en América Latina y el Caribe? Mapeo de la integración socioeconómica.

Bidegain, N. et al (2023). Brechas de género en las cadenas globales de valor en América Latina y el Caribe. Nuevos y viejos retos en un escenario de incertidumbre. Cepal – Konrad Adenauer Stiftung – Panamá.

Cepal (2023). Panorama Social de América Latina y el Caribe 2023. Santiago – Chile. Galeano, E. (1989). El libro de los abrazos. Siglo XXI editores.

García Mora, M. E.; Schwartz Orellana, S.; Freire, G. (2021). Inclusión de las personas con discapacidad en América Latina y el Caribe: Un camino hacia el desarrollo sostenible. Banco Mundial, Washington, DC.

Ochoa, A. (2023). Evolución y desafíos del sector turístico en Latinoamérica. Una aproximación económica en el marco de la recuperación post COVID. OBS Business School.

Organización Panamericana de la Salud – OPS (2021). Análisis de género y salud. Covid 19 en las Américas. Washington D.C. – USA.

Raffo, N. (2023). Sostenibilidad y Turismo. ¿La tormenta perfecta?. Montevideo – Uruguay

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Referencias web:

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https://www.bloomberglinea.com/2023/03/23/cuanto-dependen-del-turismo-argentina- brasil-mexico-y-el-resto-de-latam/

https://www.bloomberglinea.com/2023/12/25/fortunas-latinoamericanas-quienes-son-los- mas-ricos-de-la-region-al-terminar-2023/

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https://www.iom.int/es/americas-y-el-caribe

https://www.msf.org.uy/actualidad/migracion-en-america-latina-y-el-caribe-cada-vez-mas- peligrosa/

https://www.mercer.com/es-es/insights/total-rewards/talent-mobility-insights/quality-of- living-city-ranking/

https://gem-report-2020.unesco.org/es/america-latina-y-el-caribe/https://wttc.org/news-article/contribucion-economica-del-sector-de-viajes-y-turismo-al-pib-de-latam-rebasara-los-niveles-prepandemia-wttc

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