Comparto reflexión sobre los desafíos que plantea la gestión actual de los destinos turísticos ante la llegada de las tecnologías como la IA, que muchas veces se chocan contra las personas y nos interpelan que tanto chocan los algoritmos y la emoción.
Como siempre se agradecen aportes y comentarios para mejorar.
Autor: Mag. Nicolás Raffo Menoni

Ya hemos hablado que dentro de lo que es la metodología de gestión DTI o de Destinos Turísticos Inteligentes ya se avanzó desde lo que eran sus comienzos, claramente enfocado en lo tecnocrático, para migrar hacia modelos más humanistas y que pongan más en el centro del debate y sobre todo de las acciones a las personas.
Parece obvio que al detectar las tensiones sociales que se dan dentro de los territorios donde se desarrolla el Turismo, por diferentes razones antes o después iban a suceder fricciones que pusieran en entredicho o que interpelaran al modelo.
Es claro que no hay un único camino en lo que refiere al uso de las tecnologías y eso obedece a pautas culturales de cada lugar, pero también a pautas económicas y políticas en lo que respecta al uso de las nuevas tecnologías.
Países como China, Corea, japón, Singapur y otros de la región tienen sus propios desarrollos e incluso algunos que generalmente no están en el radar, por desconocimiento, también tienen grandes oportunidades y ventajas como por ejemplo India o Indonesia, que son potencias en cuanto a gente y en cuanto a oportunidades técnicas.
Un ejemplo claro, en la India se estiman que hay unos 4 – 4,5 millones de ingenieros y desarrolladores en informática, lo que es la misma cantidad que se calcula para Estados Unidos y muchos menos de los que se calcula que hay en China donde se estima en el entorno de 9 millones.
Marco las cifras, porque por ejemplo Uruguay tiene 3,5 millones de habitantes, con una cantidad de ingenieros o profesionales de la informática que según estudios de Microsoft y de la Cámara Uruguaya de las Tecnologías de la Información (CUTI), tiene en el entorno de 35.000 personas que se podrían desempeñar en el sector. Si esas mismas cifras las tomamos a nivel de densidad con
respecto a la población de cada lugar, nuestro país claramente tiene una mayor densidad de ingenieros que China e India, pero no que Estados Unidos.
Pero lo que es real es que India por ejemplo tiene 150 veces más profesionales dedicados al sector que nuestro país y China 300 veces más y las economías no compiten en base a densidad sino en base a producción bruta y generación de valor, en base a capital intelectual y generación de riesgos, y en esa pelea como país vamos fritos.

Se podrán imaginar que a la hora de competir, no tengan dudas de que incluso a nivel salarial un profesional Hindú, costos de vida mediante en cada país de referencia, es más que probable que sea más barato de contratar.
Si además se disponen recursos económicos en suficiencia, la mesa está servida.
Nuestra oportunidad, y en base a la realidad que tenemos radica en la especialización, en la calidad, en la atención de nichos de valor, lo que claramente es más fácil escribirlo que lograrlo. Pero querer competir en cantidades claramente no será nuestra oportunidad y lo tenemos que asumir, porque muchas veces nos plantamos y pensamos como si tuviésemos más incidencia en el mundo, que la que realmente tenemos.
Es cierto que se debe pensar en grande y que hay que animarse, pero la realidad es la realidad.
En anteriores oportunidades mencionaba también que esto es una guerra entre potencias. Potencias a nivel de países pero también de empresas que tienen millonadas de capital disponible y que además ganan millonadas con sus desarrollos, por lo cual las barreras de acceso al sector son bien importantes y estratégicas como para permitirlas a nuevos competidores.
En lo personal creo que no son inocentes las alarmas que han surgido sobre los peligros de no controlar el desarrollo de la IA, se dice que hay que controlarla porque podría acabar con la humanidad.
La pregunta inocente que surge es y quién controla a las empresas desarrolladoras de esas IA.
Volviendo a los DTI sobra decir que dicho modelo se aplica en realidades diferentes y que para cada una un camino. Camino que debe ser propio, pero sobre todo posible y que brinde soluciones.
Ya se sabe que la mera incorporación de tecnología no iba a solucionar las problemáticas sociales de cada lugar. Lo que no se sabía era hasta que tal punto podrían llegar esas tensiones.
Por ejemplo en Latinoamérica:
- Falta de planificación estratégica.
- Falta de infraestructuras.
- Falta de soberanía digital.
- Falta de legislación clara o vacíos legales sobre los marcos regulatorios para estas nuevas tecnologías y sus alcances.
- Falta de recursos para implementarlas.
- Brechas digitales y desigualdades profundas desde el punto de vista social.
- Falta de las competencias digitales necesarias para interactuar con las nuevas herramientas.
- Inoperancia desde lo gubernamental debido a los vaivenes políticos de la región.
- Y la falta de una visión a largo plazo que trascienda a esos vaivenes, que terminan generando fricciones, pero también inoperatividad.
De todas maneras hay oportunidades a favor, como ser la tercer región a nivel global en adopción del uso de IA y nuevas tecnologías, tener polos regionales que son abiertos a la adopción y al desarrollo de las nuevas tecnologías; recursos humanos preparados y más accesibles que en otras regiones y ofrecerse como campo de prueba para futuros avances.

En esta oportunidad me gustaría abordar el impacto emocional en los territorios de estos modelos de gestión, porque la mera aplicación de tecnología es un proceso frío y por ejemplo la IA no tiene emoción, lo cual muchas veces, sumado a los sesgos de entrenamiento que ya traen de origen estos modelos, vuelven a ser un nuevo punto de fricción en los territorios.
Estos modelos que surgen en forma lógica desde las denominadas smart cities o ciudades inteligentes, también tienen otras miradas que pueden verse como complementarias o en algunos casos como detractoras.
Pensar en las propuestas sobre ciudades de 15 minutos, en la propuesta de ciudades biofílicas o más verdes y sostenibles o incluso en propuestas que nos hablan sobre el derecho de los ciudadanos a disfrutar de sus territorios o incluso con una mirada de género y de ciudades que cuidan. Todos esos modelos pueden ser alternativas o pueden ser uno u otro; aunque en lo personal creo que no deberíamos de tener que elegir sobre uno u otro modelo, tendríamos que pensar en la posibilidad de hacer una implementación intermedia que los combine a todos, que adopte lo mejor de cada uno y que límite las dificultades de cada caso.
A cada propuesta le podemos buscar un pero.
Por ejemplo qué pasa con los que quedan a 20 minutos de los servicios o incluso más.
Qué pasa con aquellas ciudades que no tienen la posibilidad de hacer un desarrollo biofílico como se propone.
Y así podríamos seguir, pero la idea no es buscar puntos flojos, la idea debe ser la de sumar.
Esta opción amerita un pienso previo, porque tampoco podemos caer en la ingenuidad de que al final no tengamos ni una cosa, ni otra, y terminemos planteando un ideal utópico e irrealizable.
¿Son realmente compatibles postulados que nos hablan de densificar servicios y productos en menos de 15 minutos, con postulados que nos piden respetar diversidad y extensión de territorios y espacios verdes, con modelos que plantean un extractivismo de datos intensivos para gestionarse o que reivindican la privacidad para las ciudades que cuidan ?

En la medida que las personas vuelvan a adquirir preponderancia a la hora de buscar soluciones y que participen para su definición e implementación; en la medida que los territorios sean abordados en forma integral, podremos tener mejores respuestas a las necesidades de la gente, podremos buscar mejores soluciones que en definitiva terminen siendo beneficiosas también para los turistas, que son ciudadanos temporales de los lugares que visitan, pero que generan impactos inmediatos a partir de sus visitas y que deben resolverse sobre la marcha.
Un detalle no menor, es que hoy los destinos, para ser descubiertos o presentados ante los ojos de quienes buscan, también compiten contra los algoritmos, que como fórmulas matemáticas que son, terminan priorizando lugares en base a sesgos o en base a trampas y acciones que se puedan realizar desde el punto de vista informático. El dato no es menor porque hay estudios varios, como por ejemplo los de consultoras de renombre como McKinsey que nos dicen que las personas que viajan, en un 80% lo terminan haciendo solo en el 10% de los destinos disponibles. Ante la realidad de miles de destinos disponibles, siempre los mismos terminan siendo los priorizados, como lo establece la vieja ley de Pareto o del 80/20.

Eso pasa a nivel de los destinos, pero también de los territorios, porque dentro de un destino, los lugares visitados generalmente siempre son los mismos.
Si buscan en plataformas que ofrecen lugares o cosas para visitar en esos lugares, hagan la prueba con un destino concreto y van a ver que les ofrecen siempre las mismas actividades, lo y que además se repiten y repiten, lo que redunda en un empobrecimiento de las propuestas y de las experiencias en los destinos.
El punto anterior es clave, porque corremos el riesgo que hablamos de experiencias únicas, singulares e irrepetibles, pero el Turismo corre cada vez más riesgo de terminar siendo un commodity, donde cada vez más las experiencias se parecen unas a otras a pesar de que estemos en lugares diferentes. Y los algoritmos generalmente ayudan a que eso sea así porque recomiendan en base a intereses concretos de quienes quieren que así sea.
Ante esa realidad, tenemos que reflexionar sobre cuál es la experiencia que queremos ofrecer, qué rol queremos que juegue la tecnología en esos casos, e incluso aunque suene fuerte, pensar si queremos adoptarlas sin una prueba, ni estrategia previa clara.
Lo emocional aparece aquí en juego a partir de realidades como la gentrificación, la masificación y la turismofobia que llevan a enojos y a diferentes situaciones y sobre todo reacciones de los residentes de las ciudades que reciben al turismo. Sobre todo al turismo de masas.

Los algoritmos miden; pero no sienten, no miden el malestar ciudadano frente a estas realidades.
En estos días salió una reflexión del filósofo coreano Byung-Chul Han que hablaba del concepto de hiperculturalidad, desarrollado especialmente en su obra Hiperculturalidad: Cultura y globalización, donde dice que el turista de hoy no necesita hacer las maletas porque globalización mediante hoy se pueden obtener dentro de un mismo lugar diferentes propuestas culturales de diferentes países y que con eso se podría estar viajando sin desplazarse. Con todo el respeto del mundo, para que eso sea así deberíamos de cambiar la definición de turista, que se entiende por aquella persona que visita lugares diferentes a los de su residencia habitual y por un período de tiempo determinado; pero lo que si debe reconocerse y entender de su propuesta es que con las tecnologías disponibles hoy, se puede conocer mucho de otros lugares sin haber estado nunca en ellos, lo cual debería de ser un llamado de atención para quienes trabajamos en la actividad.

Asistimos a una crítica sociológica sobre las formas en que vivimos y consumimos hoy que no debemos omitir, ni minimizar.
¿Estaremos asistiendo a un cambio de las modalidades del Turismo que incluso lo cambien drásticamente en lo que respecta a sus prácticas habituales hasta hoy?
¿Las nuevas tecnologías y la IA, serán parte explicativa de esa posible realidad?
¿Son las nuevas tecnologías las que están matando el viaje que sorprende y que nos invita a descubrir algo nuevo porque nos lo muestran antes?
¿Las personas dejaremos de viajar a otros lugares en forma presencial?
Si nos paramos en la vereda de enfrente y tomamos a la tecnología como un potenciador del Turismo.
¿Lo estamos potenciando para quién?
¿Todas las personas se benefician de esta realidad?
Algunas preguntas que hace un par de años atrás serían futuristas, ya no parecen serlo tanto.
Siempre digo que nadie puede saber lo que va a pasar dentro de 10 años, o incluso si algo va a pasar (lejos de ser alarmista) porque los cambios que se vienen dando son cada vez más profundos y exponenciales y no los podemos entender usando las lógicas de pensamiento y reflexión que venimos usando hasta hoy.
Si las máquinas se nos llegaran a ir de las manos y quedaran fueras de nuestro control, no sabemos que es lo que pasaría y si bien se asume que es el humano quien las controla, lejos de querer ser pesimista o alarmista, en lo personal no me queda tan claro que así sea, por lo menos de aquí a un par de años.
Los oligopolios tecnológicos tampoco ofrecen garantías reales como para que se deje en sus manos el control y decisión de los pasos a seguir, por lo cual gobernar y marcar el campo de juego desde la gobernanza se vuelve un imprescindible ya.

Nuestra región no puede ser pasiva y debe sumarse a la conversación sobre gestión de destinos turísticos inteligentes, pero sabiendo que necesita de soberanía digital, competencia y alfabetización digital, infraestructuras necesarias para la gestión tecnológica, un pensamiento y un plan a mediano plazo que nos permitan estar en la conversación y gestionar una verdadera política de estado y regional que resista a los embates y vaivenes políticos que tan recurrentes son.
Si no estamos para ese camino, hablemos y busquemos otra solución, porque esa no será para nosotros.
Autor
Para contactar a Mag. Nicolas Raffo o conocer más sobre su trabajo, puede escribirle a Nicoraffo74@gmail.com o por LinkedIn Nicolás Raffo Menoni
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