Cuando hablamos de derrama económica a partir del desarrollo del Turismo como actividad.
¿Siempre se cumple ese mantra que se repite en forma reiterada?
¿Siempre tenemos un reparto equitativo de los beneficios?
Les comparto una reflexión al respecto.
Una actividad turística bien desarrollada debería de generar divisas que impacten de forma positiva en los destinos y en su gente.
Cuando eso no sucede, ¿tiene sentido la actividad?
Autor: Mag. Nicolás Raffo Menoni

Muchas veces se repite como un mantra que el Turismo genera divisas para los destinos en donde se desarrolla y que esa realidad genera impactos positivos para el destino y su gente.
Este hecho, si bien es cierto cuando la actividad se desarrolla correctamente, debe de aclararse que la misma no es ni automática, ni proporcional en su reparto. Y es más, en muchos casos no genera nada de derrama y si la hay, incluso no es de calidad y no impacta tan positivamente en los residentes del destino.
Esto sucede por muchas razones como:
- Que las casas matrices de quienes han hecho la inversión en el destino se llevan de retorno esos beneficios a los países de origen (por ejemplo las grandes cadenas hoteleras).
- Que esos beneficios se los quedan muy pocos y no se redistribuyen, ni equitativamente, ni mucho menos de manera justa (la mayor parte de la generación de las divisas se la queda una persona sola o muy pocas).
- Que muchas veces en el afán de competir se establecen precios irrisorios o mal calculados, que lejos de generar bienestar generan dolores de cabeza para quienes los cobran y que acceden a muy pocos márgenes de ganancia, a empleos precarios y muy fuertemente ligados a la estacionalidad de la actividad.

Otro aspecto que me gustaría abordar es el del denominado crecimiento sin desarrollo real o al menos sin desarrollo de calidad, porque siempre escuchamos hablar de cifras al alza y que las mejoras se miden en puntos porcentuales de crecimiento de los PBI de los destinos, cuando esa situación tampoco tiene por qué darse de manera automática. Al contrario, en muchos casos tenemos aumentos del PBI pero sin verdadera mejora, ni desarrollo de las capacidades y del bienestar de las personas en general, porque cada vez más, ese crecimiento es atrapado o se lo quedan las personas más ricas y poderosas, por sobre la mayoría de las personas que tienen menos recursos.
Esta inconsistencia, viene en aumento en nuestra región, que nos hemos cansado de avisar que es la de mayores desigualdades a nivel global. Punto que debería realmente preocuparnos si damos por hecho que la mayoría de la actividad está sostenida por MIPYMES y en muchos de esos casos lideradas por mujeres y madres de familia

Estas situaciones están largamente estudiadas y documentadas y sobre todo a nivel de Latinoamérica, tenemos que se aplican lógicas económicas donde las personas terminan siendo una herramienta más al servicio de esos sistemas, literalmente explotadas y abusadas y no la finalidad de la aplicación de esas teorías y sistemas económicos aplicados.
Si realmente queremos hablar de una derrama justa y sobre todo de calidad, tenemos que analizar cómo se reparten esas divisas generadas en el territorio y sobre todo cuánto le toca a cada persona involucrada.
Como siempre, con estas reflexiones la idea no es demonizar, ni denostar a la actividad, pero si desmitificar esos mantras y eslóganes mágicos e ideales que no hacen más que desdibujar una actividad como el Turismo, que siempre les digo que es hermosa, pero también que es terriblemente compleja en los entramados y sobre todo en las relaciones que genera.
Podemos elegir mirar la rama o el bosque, y para eso tenemos que abordar todas las temáticas en profundidad y con una mirada práctica y crítica a la vez que nos permitan intervenirlas en pos de un beneficio común.
Así podremos realmente empezar a hablar de una actividad más justa, que busque ser realmente más sostenible, porque en la actualidad dista mucho de serlo.

Como propuesta de acción, siempre propongo una mirada desde el estado, quien creo firmemente que es quien tiene que establecer y marcar las reglas del juego. Personalmente no creo en los liberalismos que generan efectos temporales y golondrinas que saquean las realidades para luego ampararse en el rol y el papel de ese estado que tanto critican y al que tanto le exigen que se mantenga al margen.

Desde mi perspectiva y mi reflexión, creo en la creación de ámbitos formales, seguros y confiables donde puedan generarse las necesarias articulaciones que se necesitan para crear los encadenamientos que tanto menciona el Turismo en base a la denominada cadena o cadenas de valor

El generar la necesaria educación y capacitación de todo el ecosistema que conforma al Turismo también se vuelve fundamental, para que sean muchos quienes se sientan parte y que puedan defender realmente a nuestra actividad.

Y por último, la creación y la definición de nuevas métricas e indicadores, que nos permitan humanizar, medir e interpelar efectivamente a esta actividad tan compleja que es el Turismo.
Hay un camino posible, y sobre todo viable y alternativo al de las lógicas económicas actuales que tanta individualización y desigualdades generan, en pos de un crecimiento que generalmente se lo llevan pocos; por otras alternativas más justas, más solidarias y sobre todo que favorezcan a más personas.

Autor
Para contactar a Mag. Nicolas Raffo o conocer más sobre su trabajo, puede escribirle a Nicoraffo74@gmail.com o por LinkedIn Nicolás Raffo Menoni
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