Avances tecnológicos y estrategias competitivas para el Turismo Latinoamericano.

Introducción:

Segunda parte donde propongo un camino inteligente y Sostenible para Latinoamérica en materia de Turismo.
En este artículo me refiereo a correr la carrera que podamos correr, destacando y priorizando nuestras verdaderas ventajas competitivas.
Logrando que las tecnologías disponibles sean un escudo y no una espada sin control, para llegar a ese Modelo de gestión más Humano y Resiliente.

Autor: Mag. Nicolás Raffo Menoni

En artículos anteriores escribí sobre la necesidad de que Latinoamérica pudiese seguir un rumbo propio en materia de modelos de gestión del Turismo.

Hablamos de la necesidad de seguir modelos que prioricen la urgencia en materia de sostenibilidad social que padece nuestra región y que en ese camino las tecnologías debían ser una herramienta más que pudiesen colaborar con la necesaria definición y decisión a nivel de la Gobernanza.

Vimos algunas peculiaridades a nivel de Latinoamérica que justificaban esta decisión:

  • Procesos políticos inestables.
  • Brechas digitales y de conectividad importantes.
  • Escases de recursos para las necesarias implementaciones que se deben hacer.

Vimos que correr una carrera atrás de los avances tecnológicos que se dan a nivel global es una carrera perdida desde el vamos. Lo cual no quiere decir omitir el uso de esas tecnologías, camino que sería un verdadero tiro en el pie y que nos dejaría en condición de rezago a nivel global.

La idea es la de correr la carrera que se quiera y que se pueda correr.

Hay una fascinación inicial con los avances tecnológicos y la irrupción de la IA que llevan a que todos quieran estar e incorporarlas, pero debe de ser claro que no todos lo podremos hacer en las mismas condiciones.

Hoy se aprecia que todos corren tras esos avances, se incorporan a la gestión, pero sin el correcto análisis de si son los necesarios y los posibles a nuestra realidad.

Tenemos la denominada “paradoja de la innovación”, donde se incorporan innovaciones que terminan no siendo mejoras verdaderas, ni oportunidades de desarrollo, sino todo lo contrario.

Nosotros estamos en una región donde los avances son más lentos.

Esta situación no debe tomarse como una excusa para justificar la obsolescencia tecnológica actual, ni como una forma de convertir a nuestra región en una isla o en una región aislada de esos avances.

Pero si es un llamado de atención para definir reglas claras para caminos posibles a seguir.

Entonces la pregunta de partida debería ser:

¿Qué carrera queremos correr o por el contrario cuál es la carrera que realmente podemos correr para incidir y decidir a nuestra conveniencia y posibilidad?

En el camino propuesto, aparece entonces otro punto que me gustaría abordar, que es el de apoyar o cimentar ese camino en las verdaderas ventajas competitivas que puede tener la región e incluso cada país a nivel individual, porque es claro que jugar en equipo es mejor y te llevará más lejos, pero también lo es que cada país debe en primer lugar tener clara su propia estrategia para poder sumarse al juego regional.

Querer jugar sin una estrategia propia también es correr una carrera donde serán otros los que lleven la de ganar y que serán los que marquen las reglas de juego y demorar esa definición es otra manera de quedarse fuera o atrás.

En ese camino de las ventajas competitivas, es que Latinoamérica también da ventajas porque muchas veces se quiere apostar a una estrategia donde no se priorizan las fortalezas, o lo que es peor, ni siquiera se basa la estrategia en ellas, lo cual sin dudas diluye los esfuerzos realizados y sobre todo los objetivos y logros a alcanzar.

No se aprecia actualmente una estrategia regional clara y seguimos fragmentando esfuerzos en estrategias individuales a nivel de países que siguen priorizando cifras como estándar del éxito logrado.

Tener claras cual o cuales son esas ventajas es crucial a la hora de definir una estrategia.          Es el camino básico para poder utilizar las herramientas disponibles, los datos y la información disponibles para trazar o establecer un camino ganador.

Por ejemplo para Uruguay, creo firmemente que las ventajas competitivas que dispone pasan por su sostenibilidad en varios puntos fuertes como lo son:

  1. Matriz energética en base a energías renovables.
  2. Seguridad en todos sus aspectos (sociales, legales, económicos, percepción de corrupción, etc)
  3. Buena calidad de vida.
  4. Legislación social de avanzada.
  5. Conectividad interna sólida en base a su tamaño.
  6. País a escala humana.
  7. Ubicación estratégica entre mercados fuertemente emisores en materia de turistas.
  8. Buenos servicios e infraestructura básica en varios aspectos como conectividad digital, personal con buena capacitación, etc).

En base a esos atributos y ventajas competitivas es que puede cimentarse y desarrollarse su estrategia turística. Hacerlo en base a otras variables, es posible, pero es ineficiente desde el vamos y aumenta las oportunidades de fracaso.

Uruguay podría definir una estrategia basada en destacar el disfrute posible “del lujo de lo simple”, donde valores que se aprecian en todos lados puedan ser su verdadero diferencial y no en una estrategia que apunte solo a la calidad, para que termine siendo una estrategia para pocos privilegiados.

Con el ejemplo de Uruguay, podemos hacer lo mismo para cada país de la región.

Ese detalle, que parece tan obvio, muchas veces no sucede y es por eso que se aprecian estrategias sin alma, que no dicen nada y que para peor no representan la realidad que se quiere promocionar.

En esos casos se asiste a estrategias que no apuntan al tan mencionado y deseado desarrollo de calidad y se terminan generando modelos donde se asiste a precarización laboral, dependencia tecnológica y digital, fuga de capitales, masificación, gentrificación turística y mucho más.

Debe de apuntarse a un modelo donde se definan nuevos indicadores, que puedan medir y que puedan establecer el logro del éxito en el trabajo por el desarrollo social que se necesita en forma urgente a nivel regional.

Es claro que los avances tecnológicos no pararán, y que la resiliencia será cada vez más necesaria. Pero también debe serlo, elegir la incorporación adecuada y posible a cada realidad, para que sea una oportunidad de poder competir en mejores condiciones.

Incluso elegir que incorporaciones no realizar y cambiar el camino de ser necesario, para poder jugar estrategias con nuestras propias reglas y donde podamos aprovechar las verdaderas ventajas competitivas que se disponen.

En este caso el uso de las tecnologías no sería una espada, sería un escudo que nos permitiría preservar, valorizar y destacar lo nuestro.

El mundo es cada vez una aldea más global, o al menos es lo que nos quieren hacer creer y consumir.                                Competimos entre nosotros y contra todos, y en esa competencia es que ganan más, cada vez menos.

En ese contexto, Latinoamérica puede y debe trazar su propio camino, camino que lleve a priorizar sus verdaderas necesidades y oportunidades, que le permitan definir su propia imagen e identidad.

El rumbo propio no es un acto de inmadures, ni de aislamiento. Es un acto de soberanía e identidad propia que nos permitiría valorizar a nuestra región, pudiendo lograr ese camino y Modelo de gestión más Humano y Resiliente.

En caso contrario, seguiremos cayendo en las condiciones que mencionaba en mi artículo anterior, en el que hablo de “copiar y morir”.

Autor

Para contactar a Mag. Nicolas Raffo o conocer más sobre su trabajo, puede escribirle a Nicoraffo74@gmail.com o por LinkedIn Nicolás Raffo Menoni

Nota

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