Entre los muchos temas que he venido abordando sobre la accesibilidad y su necesidad, obligación y utilidad para el Turismo, uno de los aspectos que me hace ruido, es el de que se pregonan modelos inteligentes donde la Accesibilidad se aborda como uno de los ejes centrales, lo cual está sin dudas bien.
Autor: Mag. Nicolás Raffo Menoni

El problema radica en que estas buenas intenciones se desdibujan en la práctica y por diversas razones.Es un dato de la realidad que en muchos de los destinos a la hora de querer medir y sobre todo demostrar las acciones que se hacen en el eje de la accesibilidad, es de los ejes que obtiene menores puntuaciones.
Montevideo en ese aspecto ha sido un caso atípico donde dicho eje ha resultado ser el de mejor valoración entre todos los ejes medidos.
Es un hecho que los modelos Inteligentes o DTI que se promueven en la actualidad, apuntan a una gestión fuertemente basada en las disponibilidades y posibilidades de las nuevas tecnologías, con una mayor participación de las personas para lograr mejores experiencias turísticas en los territorios y sin perjudicar la calidad de vida de las personas.
El postulado teórico es correcto y más que loable.

Pero la realidad nos dice que un destino turístico no puede desprenderse del ADN cultural y social del territorio en el que se desarrolla. Esto quiere decir que todas las sociedades tienen una idiosincrasia, una forma de ser y hacer que sin dudas marcan las formas de ser y hacer, porque en definitiva los gestores de los destinos salen de esas sociedades y no son extraterrestres, por lo cual en menor o mayor medida terminan reproduciendo parte de lo que son
Por eso es imprescindible hacer una introspección fuerte y ver desde donde partimos como sociedad respecto a la accesibilidad y la inclusión, porque en caso contrario, seguiremos reproduciendo modelos discursivos que las promueven y las ven como algo positivo, pero que en los hechos terminan siendo y haciendo parches y no se aplican las soluciones de raíz que realmente se necesitan si queremos hablar de sociedades más justas e inclusivas.

Es por eso que en reflexiones anteriores planteaba la posibilidad de generar cambios desde abajo hacia arriba, comenzando por los niños, para plantar la semilla de la accesibilidad y la inclusión para las futuras generaciones y que así podamos hablar de sociedades que ya tendrán ese ADN accesible incorporado en forma natural.
Esto no quiere decir que hoy no se hace o que no se ha hecho, pero sí que lo que actualmente hacemos no alcanza y es más lento de lo que deberíamos, y que por eso habrá una transición hasta que realmente podamos cambiar las formas de ser y hacer actuales

En la práctica, nos encontramos con varias barreras que afectan y condicionan esa implementación o metodología de gestión, como ser:
Barreras de base territorial e institucional como:
- Querer hacerlo en destinos que no tienen las infraestructuras mínimas y necesarias para implementar la accesibilidad. Hablamos de la infraestructura dura y tangible como lo económico y lo material, pero también de la infraestructura humana necesaria.
- Como parte del ADN mencionado precedentemente, tenemos sociedades que no están convencidas de las acciones que se deben implementar.
- Y tampoco podemos desconocer la falta de capacitación, sensibilización y educación respecto al tema de las personas de esos territorios, que harán que las estrategias fracasen desde el vamos y que se engloban
dentro de lo que podemos denominar como la resistencia y analfabetismo social hacia la accesibilidad e inclusión.
- No se fiscaliza, ni se garantiza que se cumpla lo que ya está consagrado en las legislaciones y normativas de esos destinos respecto a garantizar derechos de inclusión, con lo que se llega a situaciones de hecho donde no hay ni estímulo, ni castigo frente a la adopción y la omisión de la accesibilidad.
Barreras en la arquitectura e implementación específica DTI:
- Sumar a lo anterior que muchas veces se incorporan tecnologías que no han sido validadas, ni aprobadas por los propios usuarios de esos posibles apoyos, como por ejemplo plataformas, apps, sensores, señaléticas, etc. que pueden generar diferentes efectos como la sobrecarga cognitiva, barreras de usabilidad o lo peor de todo, su inoperatividad. Evitar los diseños tecnocentristas es fundamental para superar esta situación.
- En otras ocasiones nos encontramos con procesos de desarrollo o descentralización territorial que no tienen en cuenta a la participación de las personas con discapacidad o a las asociaciones que los nuclean y representan lo cual termina generando inequidades de acceso al territorio que podrían evitarse. Es lo que conocemos como una gobernanza vertical y/o excluyente.
- Otras veces el uso de IA en materia de promoción, diseño de itinerarios y sobre todo recomendación, trae importantes sesgos y barreras respecto a la discapacidad y la accesibilidad desde su concepción y diseño, con lo cual se corre el riesgo de que se promocionen lugares y destinos que justamente invisibilizan la accesibilidad o que discriminan a muchas personas. Es lo que podemos denominar como algoritmos y barreras de discriminación digital.
- Anteriormente he desarrollado el aspecto del diseño de cadenas de accesibilidad de los destinos que se basan fuertemente en lo motriz y en detrimento de otras discapacidades como las sensoriales o las intelectuales y que terminan generando un efecto de eslabón perdido o de detrimento entre los elementos tangibles y los intangibles de esa cadena. Si un destino hace justamente una rampa, pero la misma no se comunica correctamente en los formatos, ni en los canales que se necesitan, la acción queda invisibilizada desde el vamos e impidiendo la experiencia de muchas personas que no sabrán de su existencia y la cadena se rompe desde el momento 0 o antes del viaje.
- Y por último y no menos importante, tenemos al hecho de que los indicadores de accesibilidad y sobre todo en lo que respecta a medir al Turismo accesible en los destinos, muchas veces brillan por su ausencia, lo cual dificulta el poder tomar decisiones e implementar acciones en tiempo real y por sobre todas las cosas en base a la secuencia de datos, información y conocimiento real, confiable y sobre todo verificado.
El punto anterior es de vital trascendencia ya que en la actualidad y con las tecnologías disponibles, la falta de indicadores no se da justamente por la falta de información, sino por el sesgo en la captura de esos datos y en cómo se tratan los mismos.

Los puntos anteriores intentan ser un llamado de atención para generar acción. En la medida que los destinos y sobre todo los gestores de esos destinos puedan avanzar en la incorporación de acciones que tiendan a eliminar las causas precedentemente señaladas, los destinos podrán pasar a ser realmente más inteligentes, pero por sobre todas las cosas, ser destinos más justos, más humanos y más inclusivos.
También abordando y sobre todo evitando los puntos mencionados, los destinos pasan a ser más recomendables, más competitivos, con una visión integral más sostenible e innovadora y con una gestión mucho más proactiva, lo que sin dudas termina favoreciendo al modelo todo de gestión DTI.

Es necesario y se puede cambiar ese ADN social y cultural que justamente nos permita ir un paso más para llegar a sociedades verdaderamente inclusivas, pero esos cambios no se darán por arte de magia y exigen hacer.
En el caso contrario terminamos cayendo en nuevas prácticas de “maquillajes tecnológicos” o lo que podríamos denominar como “SmartWashing de destinos”, que serían una forma de intentar vender algo que en los hechos ya sabemos que no obedecerá a la verdad.
Las oportunidades están arriba de la mesa, los diagnósticos y las alertas también.
Solo es cuestión de recoger el guante y poner toda la capacidad de acción para que realmente los destinos puedan favorecerse de prácticas y realidades más accesibles y que como siempre pregono; podamos ser parte de los cambios que realmente queremos y tenemos que generar.

Autor
Para contactar a Mag. Nicolas Raffo o conocer más sobre su trabajo, puede escribirle a Nicoraffo74@gmail.com o por LinkedIn Nicolás Raffo Menoni
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