Cada año ONU Turismo nos propone un lema y una consigna para que cada 27 de setiembre sea tenida en cuenta en todo lo que refiere a los desafíos que requiere la gestión actual de la actividad turística.
El lema de este año es el del título de esta reflexión: “Agenda digital e inteligencia artificial para rediseñar el turismo”.
Autor: Mag. Nicolás Raffo Menoni

Los avances tecnológicos y sobre todo el impacto que está teniendo la incorporación de la IA a la cotidianidad del turismo son sin dudas un desafío grande y un tema que no se puede postergar en su abordaje.
Si uno lee desprevenido el lema, puede perderse la óptica de que esta fundamentalmente centrada en el plano económico y social, evitando incursionar en el impacto ambiental que genera el uso y adopción de estas tecnologías, como el abundante consumo de agua para refrigerar centros de cómputos, la generación de toneladas de chatarra digital y electrónica que contaminan por falta de reciclado y más, lo cual atenta directamente contra la necesaria sostenibilidad que se busca para la actividad turística.
Hay diferentes informes como el de la Agencia Internacional de Energía (AIE) que nos hablan por ejemplo del consumo eléctrico que representan los centros de cómputos de datos y la IA. Actualmente la energía eléctrica representa la quinta parte de la energía consumida a nivel global. Podemos hacer un mapeo por regiones de cuánta energía se consume debido a la IA y sus centros de cómputos y tendremos cifras que equivalen al 1,5% del consumo global, pero como la distribución de esos centros no es igual y está altamente concentrada en relativamente pocos lugares, tenemos casos donde ese consumo puede llegar a representar hasta un 20% del consumo eléctrico actual de algunos países como Irlanda o estados de USA como Virginia.

Hecha la precisión anterior, es real que la IA llegó para quedarse y lo es también que no todos están en las mismas condiciones de aplicarla, de entenderla y mucho menos de poder definirla en cuanto a las potestades y posibilidades que se le puede asignar a este nuevo fenómeno que ya está acá.
Sin dudas hay oportunidades, ventajas y desafíos y amenazas en su utilización que ya han sido abordadas en más de una oportunidad.
Tenemos y según cifras manejadas por el Banco Mundial, casi un 30% de personas que todavía no tienen conectividad digital. En Uruguay esa cifra ronda en el entorno del 10%.
Pero no se trata solo de tener o no la conectividad porque por ejemplo Latinoamérica es de las regiones globales donde las personas más utilizan la IA en sus diferentes versiones y aplicaciones. Es la tercera región a nivel global en descarga de aplicaciones de IA. El problema está en que muchas de esas personas no tienen las competencias necesarias para entender estas nuevas herramientas.
Según cifras presentadas por la CEPAL, más del 70% de la población latinoamericana y caribeña carece de competencias digitales básicas, en un fenómeno denominado como “paradoja digital”, donde millones de personas usan la IA sin saber cómo funciona.
Esta realidad sin dudas es un desafío enorme para la región porque figuramos entre quienes más la usamos, pero también entre quienes menos la entendemos.
Esas cifras nos hablan de una aparente inclusión digital que no sería tal, es una inclusión digital que apenas se rasque un poquito se desmorona.

He mencionado otras veces que ser nativos digitales para las nuevas generaciones no implica la competencia digital, que es otro fenómeno diferente y el que justo nos señala la CEPAL.
Esta realidad tiene múltiples caras o facetas; golpea diferente en los entornos urbanos que en los rurales; golpea diferente entre los sectores sociales más acomodados que en los de menos recursos; golpea diferente según se sea de raza blanca o negra o indígena y así podríamos seguir.
Alguien pensó que en una región y en un mundo con una alta tasa de envejecimiento poblacional las alternativas análogas seguirán coexistiendo un largo tiempo por necesidad, porque muchas de las personas mayores de 60 años tendrán que convivir con realidades digitales que no conocen, no entienden y que en muchos casos no quieren adoptar, pero que les será impuesto su uso por la fuerza de la realidad.
No poder discernir entre lo que es cierto y lo que no de lo que nos diga la IA, no reconocer que parte desde sesgos estructurales importantes y no tener la capacidad de tener una mirada crítica sobre estas herramientas, transforman su uso en un riesgo potencial que debe de ser abordado y no se puede postergar más.
El problema pasa por que una brecha de adopción y uso de estas herramientas, en una región que tiene problemas estructurales para crecer en lo económico, y que arrastra importantes brechas de desarrollo social, pueden terminar siendo justamente un combo perfecto que nos impida un mejor desarrollo hacia el futuro.
Un dato que ha cobrado fuerza en estos días son los resultados obtenidos a nivel global en las denominadas pruebas PISA, donde se miden las competencias necesarias para resolver problemas en matemáticas, lectura, ciencias y otras disciplinas que son fundamentales para la vida diaria de las personas, y tenemos un descenso sostenido de las calificaciones de los estudiantes a nivel global, un hecho que no solo debe asignarse al uso de las TICs, pero que no se puede minimizar, porque estamos preparando generaciones que tienen problemas para entender textos, resolver problemas y practicar la capacidad de crítica y reflexión, porque en muchos casos se delega ese trabajo a los asistentes digitales. Lo que se vuelve a cobrar sentido con la precedente “paradoja digital” mencionada por la CEPAL ya desarrollada en esta misma reflexión.
Considerar también, si nos centramos en nuestra región, que se utilizan aplicaciones y soluciones generadas en otros lados y en base a necesidades e intereses de otros, por lo cual la soberanía digital y la independencia digital están seriamente comprometidas para nuestra región.

¿Ustedes piensan que el Turismo escapa a esa realidad?
Actualmente el Turismo es una actividad enfocada en las personas a las cuales les ofrecemos experiencias, muchas de ellas enfocadas en servicios y productos que son altamente automatizables por las nuevas tecnologías.
Un informe actual del McKinsey Global Institute aporta datos que son elocuentes, un 55% de las tareas actuales que realizan los trabajadores de Latinoamérica son pasibles de ser automatizadas, y las ligadas a los servicios son las que más chance de serlo tienen. Las labores con menos esfuerzo físico son las que más chances tienen de ser automatizadas versus aquellas tareas que necesitan de mayor esfuerzo corporal.
Nuestra actividad necesitará de personas que tal vez no sean reemplazadas por robots o agentes de IA, pero si que tendrán que ser capaces de interactuar con ellos, de poder aumentar su productividad, lo cual sin dudas se traduce en mayor valor y en mayor competitividad para quienes lo logren.
Obviamente estos impactos no serán iguales en todos los sectores y tampoco en todos los países de la región.
Países altamente industrializados como Brasil o México serán más impactados que países como Honduras o Guatemala cuyas realidades productivas están más ligadas al desarrollo rural.
Por esa razón es que debemos realizar una apuesta enorme en torno a la IA, en torno a varias dimensiones que son simultáneas e interdependientes entre sí:
Y sacarle realmente la utilidad que estas herramientas nos ofrecen (generación de valor a partir del uso).
Como lograr que todos puedan acceder a la conectividad (conectividad).
Que todos puedan saber como interactuar con esa IA (alfabetizar).
Generar las infraestructuras e inversiones necesarias para poder incorporar y adoptar a los avances de las TIC.

Vimos claramente que la región presenta sus desigualdades y Uruguay tiene una buena posición a nivel regional, con algunas ventajas estructurales a nivel de infraestructura que se deben aprovechar, pero sin desconocer que a nivel del contexto internacional promedio, todavía estamos lejos de alcanzar el ideal necesario, y con el agregado de que nuestro país, generalmente es visto como un país de servicios, justamente de los más automatizables.
Nuestras ventajas pasan por:
- Tenemos una gran cobertura a nivel educativo de nuestra población.
- Tenemos una buena capacidad de conectividad de nuestra población, en el entorno del 90%.
- Esos niños cuentan con apoyo del plan Ceibal que nos permitirían hacer una alfabetización digital necesaria.
- Estamos dentro de los países pioneros a nivel de Latinoamérica en lo que respecta al uso y avance de la IA detrás de Chile y Brasil.
Para realmente capitalizar esas ventajas, se necesita acción, planificación y gestión. Tenemos el diagnóstico arriba de la mesa, ahora es el momento de actuar.

El Turismo se nutre de personas que tendrán que usar esa tan mencionada oportunidad de usar a la IA como una ventaja competitiva.
El problema no radicará en quienes, ni cuantos la utilizarán; la clave pasará por saber cuál es el valor real que puede aportar el uso de estas herramientas para nuestra región.
Si miramos al Turismo, cuál será el valor real que pueda aportar la IA al desarrollo de nuestra actividad y con ella el valor agregado y las oportunidades de desarrollo real para los diferentes destinos que la adopten.
Es cierto que la IA nos puede ayudar, pero si no se toman las medidas necesarias, estaremos frente a una nueva forma de discriminación; una nueva forma de tener ganadores y perdedores, donde generalmente caemos en una lógica en la que quienes más tienen, son los que tienen mayores chances de estar mejor.
Latinoamérica tiene una oportunidad que no puede dejar pasar y para eso tenemos desafíos a resolver.

Si tomamos otros datos como los presentados recientemente en un informe del World Travel and Tourism Council (WTTC), para el 2035 el Turismo generaría 91 millones de puestos laborales nuevos, que representan uno de cada 3 puestos de trabajo que se creen. El problema será que la demanda crecerá más rápido que la formación de las personas, lo que coincide con lo mencionado más arriba, de que muchas personas no contarán con las competencias necesarias para interactuar con los avances exponenciales de la tecnología, lo cual implicará que queden 43 millones de puestos sin poder ser cubiertos (casi la mitad de lo necesario).
El problema estará centrado no en la falta de empleos disponibles, sino en la falta de competencias de las personas que podrían ocuparlos, personas que en muchos casos serán mujeres, jefas de familia y con un alto nivel de informalidad como es el caso de la realidad que presenta el turismo actual, al menos en nuestra región, donde las mujeres son prácticamente la mitad de esa fuerza laboral, por lo cual esta realidad tendrá también un fuerte impacto y componente de género.
O sea que hablamos de generar valor con el uso de la IA, lo cual será inviable sin la debida formación para usarla y entenderla.
¿Y qué pasa cuando las organizaciones no tienen políticas, ni planes en cuanto al uso de las nuevas tecnologías?
Lo que sucede, es que la gente usa igual esas herramientas, pero con el peligro y los riesgos de lo que mencionamos precedentemente.
El informe publicado en enero de 2026 por Microsoft, denominado como Microsoft AI Diffusion Report 2025, nos dice que en el segundo semestre del año 2025 unos 1.200 millones de personas (el 16,3% de las personas en edad de trabajar a nivel global) ha usado el año pasado IA generativa, con una clara brecha entre países del norte global (24,7%) y solo un 14,1% en los países del sur global.
Si esa formación en el uso de las nuevas herramientas queda librada a la propia iniciativa de cada persona, no deberían de quedar dudas que hay un proceso que en vez de ser desde arriba hacia abajo, o desde la cúpula de las organizaciones hacia su personal; será al revés y desde abajo, a partir de las propias personas que ya utilizan la IA.
El problema es si la utilizan bien y además conforme a las necesidades de cada organización y en base a los estándares necesarios de ética y seguridad que exige el manejo de datos e información sensible.
El problema no es que se use la IA, que de hecho se hace y se hará aún más en el futuro, el problema es como se integra el uso de esa IA a la organización. Es la diferencia entre ser reactivos frente a su uso o proactivos en cuanto a su adopción de uso.
En el primer caso apagaremos incendios, en el segundo podremos definir las reglas de juego que nos permitan generar mejores sinergias.

El desafío de contar con políticas y estrategias de IA es fundamental, y más cuando la mayoría de las empresas que funcionan dentro de la actividad turística son Micro, Pequeñas y Medianas empresas (Mipymes) y con una región que viene rezagada en cuanto al valor que es capaz de generar con el uso de la IA.
Tenemos la oportunidad y la obligación como región de no ser solo consumidores de soluciones digitales y tecnológicas creadas por otros, tenemos que plantearnos el desafío de poder resolver esta situación, en una región que corre de atrás, que tiene desafíos estructurales a nivel social enormes,
pero que no puede quedarse de brazos cruzados a mirar como serán otros los que se coman el pastel y que le digan que es lo que puede y debe hacer.
La tecnología y la digitalización sin duda no serán ni la panacea, ni la solución definitiva a nuestras problemáticas cotidianas, pero si se la piensa, planifica y sobre todo adopta y gestiona bien, puede llegar a ser una herramienta más, puede ser un medio y no el fin para buscar soluciones que necesitamos todos de manera impostergable.

En el caso contrario, seguiremos teniendo un turismo lejos de ser sostenible, mucho menos que sea regenerativo como se está intentando proponer y por sobre todas las cosas, cada vez para menos personas, aquellas que puedan elegir y pagar.
Seguiremos teniendo un lema que seguirá priorizando las cantidades y los grandes números por sobre la verdadera oportunidad de desarrollo de los destinos y que seguirá asistiendo a manifestaciones sociales que se opongan a la actividad, con la paradoja de que en muchos casos la aborrecen cuando en realidad dependen fuertemente de su desarrollo.
Tendremos un lema que seguirá priorizando modelos de gestión que han avanzado sobre las lógicas tecnológicas y denominadas como inteligentes pero que no resuelven las desigualdades territoriales y las faltas de planificación de siempre y que impactan a muchas personas, justamente las que menos tienen, las que más lejos del Turismo quedan siempre.
Seguiremos teniendo cifras magníficas que seguirán escondiendo las grandes asimetrías a nivel global y regional, donde Latinoamérica no puede seguir mirando para el costado de esa realidad.
El lema del año, en ese caso volverá a ser una vez más una preciosa fantasía y una declaración llena de buenas intenciones, pero vacía de soluciones.
Autor
Para contactar a Mag. Nicolas Raffo o conocer más sobre su trabajo, puede escribirle a Nicoraffo74@gmail.com o por LinkedIn Nicolás Raffo Menoni
Nota
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