Lo que Lao Tsé me enseñó sobre el otoño en Uruguay

¿Cómo reconciliar el inicio social del año en el Cono Sur con la sabiduría del otoño? Una invitación a soltar, evaluar y reconocer lo que ya tenemos antes de intentar avanzar.

Autor: Samanta Parra
Coach | Facilitadora | Visión empresarial femenina | Estrategias en lo humano para el Bienestar

Una observación sobre nuestro ritmo

No sé si a ustedes les pasa, pero en este rincón del mundo, marzo siempre se siente como un choque frontal. En Uruguay, el calendario tiene un pulso que no perdona: de pronto guardamos las sillas de playa, el tráfico recupera su peso y las agendas se llenan de compromisos en un abrir y cerrar de ojos. Es ese instante en el que todos dicen, casi al unísono: “Ahora sí, comenzó el año”.

Sin embargo, a veces siento que algo no encaja.

Mientras la cultura nos empuja a dar un “gran primer paso” hacia adelante, la naturaleza está haciendo exactamente lo contrario. El otoño entra en un modo de soltar, filtrar y recoger. Me puse a investigar un poco y encontré algo en el Tao Te Ching que me dio la perspectiva que necesitaba para no abrumarme con este inicio de trimestre.

Suele decirse que “un viaje de mil millas comienza con un solo paso”, pero la traducción más precisa de Lao Tsé dice algo mucho más revelador:

“Un viaje de mil millas comienza bajo tus pies”

Para mí, esta diferencia es vital. No se trata de lanzarnos a ciegas hacia el horizonte de lo que queremos lograr en diciembre, sino de detenernos a mirar el suelo que ya estamos pisando. Es reconocer con qué recursos contamos antes de intentar movernos.

El ritmo social frente a la quietud del árbol

Para los uruguayos, marzo es el verdadero “enero”. A mí, que no soy de aquí, siempre me ha costado un poco comprender este inicio de año. Hay una presión invisible por acelerar, por lanzarnos a una especie de carrera a campo traviesa en la que solemos correr sin mirar esas metas que ya escribimos en diciembre o enero. Pero el otoño nos propone lo opuesto: antes de arrancar, hay que evaluar.

Lao Tsé nos recuerda que “lo que está en reposo es fácil de sostener”. En lugar de ver este mes como una carrera de obstáculos, he empezado a interpretarlo como un momento para inventariar mis fortalezas. A veces, en la prisa por “llegar”, ignoramos las herramientas que ya cargamos en la mochila.

Soltar para proteger lo esencial

El otoño es, por definición, una estación de desapego. Su invitación principal no es a arrancar sin sentido, sino a desprenderse de lo innecesario. Es curioso: para soltar con sabiduría, primero hay que ser muy conscientes de lo que hay “bajo nuestros pies”.

Esto es lo que he estado practicando y que me gustaría compartirles:

  • Observar lo disponible: Antes de buscar soluciones afuera, miro qué aprendizajes previos me sirven hoy. No empiezo de cero, empiezo desde lo construido, integrando incluso lecciones que vienen de mucho tiempo atrás (por cierto, tengo un regalo para ti).
  • Identificar la carga extra: Al igual que los árboles dejan caer sus hojas, me pregunto qué compromisos o hábitos ya están “secos” y solo me quitan energía.
  • Habitar el punto de partida: Me recuerdo que el viaje no comienza con el movimiento, sino con la consciencia de dónde estoy parada ahora mismo.

El filtro del otoño: Ver la estructura

Algo que me encanta del otoño es que, cuando las hojas caen, la estructura del árbol queda a la vista. Es el momento en que la naturaleza se reconoce a sí misma, sin adornos. Ese es el regalo de esta temporada: la claridad sobre nuestra base real.

Muchas veces intentamos arrancar buscando lo que “nos falta”, cuando el éxito de lo que viene depende de cómo usamos lo que ya es nuestro, lo que está bajo nuestros pies. El filtro del otoño no es una carencia; es una optimización. Es la oportunidad de preguntarnos: “¿Qué herramientas tengo ya que son la base, antes de pensar en dar el primer paso?”.

Un pequeño ejercicio para estos días

Si sienten que marzo las confunde — esa extraña paradoja de empezar el año mientras todo se despide — tanto como a mí, les comparto tres cosas que me ayudan a volver al centro:

  1. Reconoce tu suelo: Antes de comenzar a correr, identifica tres cosas que ya sabes, que ya tienes, que están ahí para ti (2). Esa es tu tierra firme.
  2. Suelta una expectativa: Elige una presión (propia o ajena) que no necesites cargar este año. Soltar también es una forma de avanzar.
  3. Siente la base: Cuando aparezca la ansiedad, detente y siente físicamente el contacto de tus pies con el suelo. Recuerda que el suelo importa más que el destino, porque es lo único que sostiene tu peso hoy.

Echar raíces para crecer

Alinearte con el otoño es, al final, una decisión de madurez. Significa entender que el crecimiento real comienza hacia abajo, aprovechando los nutrientes de lo que ya somos. No crecemos por presión, sino por una elección consciente de lo que decidimos mantener.

El éxito no está en la velocidad de ese arranque inicial, sino en la calidad y la firmeza de la tierra que pisas hoy.

¿Cómo te sientes con este inicio de año? Me encantaría saber si tú también sientes esa desconexión entre el ritmo del mundo y lo que el cuerpo nos pide en esta estación.

¡Nos leemos en los comentarios!

Fuentes:

(1) Tao Te Ching Cap. 64 — Deja De Planificar Y Empieza A Caminar

(2) Banco de Logros — Otoño (tu regalo).

Nota:

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