Introducción:
En este artículo, el autor comparte, con apoyo de herramientas de inteligencia artificial, una mirada propia sobre los actuales modelos “Smart o inteligentes” de gestión y su aplicación y validez en Latinoamérica, proponiendo una necesaria llamada a la reflexión y a la acción frente a los desafíos reales que enfrenta la región.
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El concepto de destinos inteligentes y ciudades inteligentes surge a mediados de los años noventa y comienzos de los 2000 con el objetivo de utilizar las tecnologías de la información y la comunicación para mejorar la calidad de vida, la eficiencia y la sostenibilidad. Este modelo propone fortalecer la seguridad, la eficiencia energética, la movilidad y la experiencia turística personalizada mediante el uso de tecnología.
Autor: Mag. Nicolás Raffo Menoni

La teoría establece que a mayor disponibilidad de tecnologías, mayor generación de datos, lo que permite aumentar la capacidad de medición, generar información y conocimiento, y mejorar la capacidad de respuesta y gestión. Bajo esta lógica, la tecnología se convierte en el motor que impulsa la sostenibilidad y la competitividad de los destinos turísticos.
Sin embargo, la realidad latinoamericana presenta condiciones estructurales que dificultan la implementación directa de este modelo. América Latina es una de las regiones más urbanizadas del mundo, con un 81% de su población viviendo en ciudades, lo que genera una alta presión sobre los entornos urbanos. Al mismo tiempo, es la región más desigual del planeta, donde el 10% más rico concentra el 34,2% de la riqueza.

A esta situación se suma la brecha digital, que afecta a más del 30% de la población que carece de conectividad, y la existencia de más de 160 millones de personas en situación de pobreza. Estas condiciones plantean un escenario en el que se intenta avanzar hacia modelos tecnológicos con herramientas que no siempre están disponibles o adaptadas a la realidad regional.
En este contexto, surge el riesgo de adoptar tecnología sin resolver los problemas reales, generando lo que se denomina “ghettos turísticos”, es decir, espacios altamente tecnologizados rodeados de entornos con carencias estructurales. Los modelos europeos, como el impulsado por Segittur, parten de una estabilidad política y presupuestaria que no siempre está presente en América Latina.
Entre los principales obstáculos se encuentran la inestabilidad política, la escasez de recursos y una mentalidad de adopción sin adaptación cultural. Esto genera el riesgo de construir un nuevo modelo de exclusión, en el cual el turismo continúa siendo un privilegio para unos pocos.

Antes de implementar tecnología, es necesario que los destinos realicen un diagnóstico introspectivo. Esto implica analizar si la adopción tecnológica es igualitaria en toda la cadena de valor o si se limita a las grandes empresas, evaluar si están resueltos los servicios básicos como saneamiento, seguridad y transporte, determinar si existe capital humano con las competencias necesarias y confirmar la existencia de voluntad política y estabilidad para sostener los proyectos a largo plazo. Sin esta mirada introspectiva, no es posible construir un futuro sostenible.

En este escenario también aparece el fenómeno del darwinismo digital, donde quienes no logran adaptarse quedan fuera del sistema. Las grandes corporaciones cuentan con recursos, automatización y capacidad de adaptación rápida, mientras que las micro, pequeñas y medianas empresas enfrentan limitaciones presupuestarias, falta de capacitación y riesgo de desaparición.
El rol del Estado se vuelve fundamental, ya que las políticas públicas deben actuar como un puente que permita preservar la oferta local auténtica y evitar la exclusión. Sin embargo, uno de los principales problemas actuales es la falta de continuidad política, que transforma la gobernanza de datos en una política pendular.

Al mismo tiempo, se observa una desconexión entre la implementación tecnológica y las necesidades reales, desarrollándose aplicaciones avanzadas para turistas mientras parte de la población local carece de servicios básicos. A esto se suma el impacto ambiental, ya que el consumo actual equivale a 1,6 planetas Tierra por año, demostrando que la tecnología por sí sola no puede proteger los recursos naturales.
Frente a este escenario, surge un cambio de paradigma que propone pasar de un modelo centrado únicamente en lo “smart” a un modelo resiliente y humano. En este enfoque, la sostenibilidad social deja de ser un componente más y se convierte en la base del sistema. La prioridad es el bienestar del residente, y el beneficio turístico surge como consecuencia.

La tecnología deja de ser un objetivo en sí mismo y pasa a ser una herramienta para preservar, proteger y valorizar los recursos y la identidad local. En América Latina, las verdaderas ventajas competitivas se encuentran en la escala humana, la identidad cultural y el valor de lo natural.

Este enfoque redefine la jerarquía de prioridades. La gobernanza y la estabilidad política constituyen los cimientos, la sostenibilidad social el núcleo, la tecnología adaptada el habilitador, y la experiencia turística el resultado final. La tecnología debe ser accesible, útil y adaptada al contexto, no una solución desconectada de la realidad.

La implementación debe realizarse de forma incremental, evitando transformaciones masivas inmediatas. La estrategia consiste en comenzar con zonas piloto donde sea viable implementar cambios, validar los resultados y luego expandir progresivamente el modelo. Este enfoque permite concentrar recursos escasos y reducir riesgos, construyendo un proceso sostenible paso a paso.

También es necesario diferenciar entre la tecnología de vanidad y la tecnología de utilidad. Mientras que la tecnología de vanidad incluye soluciones costosas sin impacto estructural, la tecnología de utilidad responde a necesidades reales, como la digitalización de pagos o el uso de canales de comunicación accesibles para la comunidad.

El cambio de paradigma también implica redefinir los indicadores de éxito. Tradicionalmente, se han utilizado métricas como el número de visitantes o el gasto turístico total. Sin embargo, el nuevo enfoque propone medir la calidad de vida del residente, la integración de la economía local, la alfabetización digital de la comunidad y la regeneración ambiental.

Un destino verdaderamente inteligente en América Latina es aquel que prioriza el bienestar de su población y construye su propio camino basado en su identidad. Este enfoque no implica aislamiento, sino un acto de soberanía que permite construir un modelo adaptado a la realidad regional.

El futuro de los destinos turísticos en Latinoamérica no depende de copiar modelos externos, sino de desarrollar estrategias propias que integren tecnología, sostenibilidad social, gobernanza y resiliencia humana.


Autor
Para contactar a Mag. Nicolas Raffo o conocer más sobre su trabajo, puede escribirle a Nicoraffo74@gmail.com o por LinkedIn Nicolás Raffo Menoni
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