Los avances tecnológicos y sus impactos en el sector turístico.

Introducción

La discusión sobre el impacto de la tecnología en el turismo está más vigente que nunca, pero lejos de ofrecer respuestas simples, abre interrogantes profundos sobre cómo el sector está transitando este proceso. En un contexto de cambios acelerados, vale la pena detenerse a reflexionar no solo sobre lo que está pasando, sino sobre cómo lo estamos interpretando y gestionando. Este artículo invita justamente a eso: a mirar más allá de la superficie y repensar el rumbo.

Negar los avances y el impacto de las Tics en nuestro sector de actividad es directamente una batalla perdida. Hoy ya no solo hablamos de su incorporación a la gestión diaria, sino que también hablamos de la necesidad de contar con gente capacitada y sobre todo de poder contar con una verdadera estrategia de adopción y uso de estas tecnologías.

Autor: Mag. Nicolás Raffo Menoni

Es un hecho que aparecen y desaparecen en forma diaria decenas de aplicaciones de IA, que son imposibles de abarcar y adoptar todas, por lo cual se termina utilizando pocas, que son las que quedarán y serán realmente adoptadas.

Las compañías que están en la pelea diaria disponen e invierten miles de millones de dólares para intentar crear soluciones que puedan ser integrables con lo que ya tienen y que a su vez sean escalables hacia los nuevos avances, porque en caso contrario tienen claro que desaparecerán en favor de otras soluciones que puedan brindar la facilidad y la comodidad de poder hacer todo en un mismo lugar, que es lo que todos estamos adoptando o al menos intentando adoptar; y que es hacia donde nos están guiando a ir.

Hasta aquí todo bien, el problema aparece cuando bajamos esta realidad a un sector donde más del 95% de las empresas que prestan los servicios son micro, pequeñas y medianas empresas.

Estas empresas tienen generalmente poco capital para actuar, poco tiempo para gestionar muchas acciones que les exige su cotidianeidad y poco tiempo para poder actualizarse a las necesidades de los tiempos que corren.

Si tienen claro que deben actualizarse y que pueden y deben incorporar estas nuevas soluciones tecnológicas porque es lo que les permitirá estar en el ruedo.

De hecho lo hacen pero se encuentran que en muchos casos no saben que hacer con esas herramientas que le permiten automatizar procesos pero para los que precisan gente que sepa utilizar esas herramientas.

Agregarle que en un sector donde la informalidad y la inseguridad laboral es alta, con salarios que no son de los mejores, se necesitan personas con altas competencias laborales, lo cual nos genera una paradoja:

“Queremos personas con idiomas, proactivas, con competencias digitales, con disponibilidad para trabajar todos los días, pero por salarios que no alcanzan ni para pagar uno solo de los cursos de capacitación que les exigimos.”

Ese problema no se da solo a nivel de Uruguay o de Latinoamérica; es un problema global que lleva a que el sector no está siendo capaz de captar, ni de retener a las personas con los perfiles actuales que se exigen y es la denominada “fuga de talentos” hacia otras actividades y sectores.

La gestión actual ha cambiado y siempre se dice que es necesario gestionar en base a datos, tomar decisiones en forma proactiva y hasta predictiva y que la velocidad y el cambio, más la impredecibilidad es la constante actual.

Ahí tenemos un gran problema.

Hay estudios de consultoras como Mc Kinsey o la Boston Consulting Group que nos muestran que son muchas las empresas que incorporan estas nuevas herramientas de IA, cifras por encima del 70% del total de las empresas existentes, pero que en realidad no saben qué hacer con esas herramientas o las subutilizan.

Solo la tercera parte de esas empresas hace un uso adecuado de esas incorporaciones tecnológicas.

Ese no saber que hacer o subutilización pasa por varios factores como:

  • No tener las competencias necesarias para interactuar y usar esas herramientas.
  • Usar muy parcialmente su potencial.
  • No tener una estrategia clara de qué hacer con esas herramientas.
  • No saber como escalarlas en su uso o poder adquirirlas para que sean reutilizables con los avances permanentes que se dan con esas herramientas.
  • En muchos casos por no saber que hacer o directamente no utilizar los datos disponibles.
  • O por una combinación de todos los factores anteriores.

A esto podemos agregarle otras situaciones, como el caso del estado que muchas veces actúa como inversor y adoptante de estas nuevas tecnologías y que dispone y disponibiliza información para el resto de los jugadores del sector, pero que también lo hace con suerte dispar.

Eso le pasa por varias de las razones que ya se mencionaron para las empresas del sector, el no saber qué hacer, el no utilizar esa información o el no contar con gente que pueda interactuar con esas tecnologías, es otra vez una razón de peso para no sacarle el debido provecho.

El no contar con estrategias claras de lo que se quiere hacer e incorporar herramientas que no se prueban y se sabe a ciencia cierta sobre si son las verdaderas herramientas que se necesitan para la gestión actual, llevan a otro cuello de botella.

En muchos casos, en economías con pocos recursos, se hacen inversiones pero sin saber si estas son las que realmente se necesitan o si son las que realmente brindarían los mejores beneficios y soluciones por esa inversión.

La incorporación tecnológica, en todos los casos anteriores termina siendo un proceso más y no una adopción estratégica y competitiva que puedan marcar una diferencia significativa.

Agreguemos al combo anterior que el uso de estas herramientas no es inocuo o desinteresado. Las grandes compañías que crean estas herramientas, utilizan algoritmos donde quien más paga, quien más tiene o quien más sabe puede condicionar las búsquedas y las apariciones de la información que se muestre.

Ese dato no es menor para los destinos, porque hay formas de estar más presentes o de figurar más arriba que otros, y en la mayoría de los casos se favorece el que más tiene y el que más sabe.

Estamos en un modelo de gestión actual donde el Turismo podría terminar siendo un commodity más, un producto homogéneo, estandarizable con la paradoja de no ser para todos, porque es para unos pocos que lo pueden pagar y donde prácticamente las personas terminan consumiendo destinos que en su gran mayoría y con las particularidades de cada caso, tienen una estructura común y unas necesidades que son similares en todos lados.

En este aspecto hay una pérdida de identidad de muchos de los destinos que se terminan vendiendo como algo que no son, que no sienten y que directamente atenta contra la intencionalidad de querer hacer y ver al Turismo como una herramienta de desarrollo local.

Terminan siendo lugares de consumo sin alma.

Necesitamos la famosa cadena integrada por infraestructura, propuestas, transporte, comunicación, seguridad, comunicación y marketing que todo destino necesita articular si quiere estar en el radar de los posibles turistas.

Esto esta suficientemente estudiado como para profundizar en el tema, el hecho que sí no lo está es el uso y utilización de las nuevas herramientas y sobre todo el poder definir hacia dónde van todos estos cambios.

Pasamos de una actividad que tenía una lógica bastante definida de comunicación, compra y consumo hacia otra lógica donde aparecen en forma permanente herramientas, que marcan nuevas reglas del juego y que en la mayoría de los casos no estamos sabiendo utilizar.

Están apareciendo nuevas brechas que quienes sepan cerrarlas mejor, estarán en mejores condiciones de competir y ganar.

Cerrar esas brechas pasa por:

  • A nivel de consumo en adaptar los mensajes para quienes adoptan y quienes no adoptan las nuevas herramientas.
  • A nivel de usuarios y trabajadores, poder capacitar a quienes saben y quienes no saben usar esas herramientas.
  • A nivel de infraestructuras necesarias, en poder ayudar a generarlas e incorporarlas.
  • A nivel de los que generan las nuevas herramientas, ser capaces como destinos de incorporarse a los algoritmos de búsqueda y difusión que priman en cada caso.

Sin dudas no es tarea sencilla, pero es más difícil aún quedar afuera del ruedo.

Aunque parezca una locura, en un mundo que avanza como un tren bala, hay que pararse un momento a pensar a que tren se quiere subir, para poder marcar las reglas de juego que permitan a cada jugador tener las mayores chances de éxito.

Claramente es más fácil decirlo que hacerlo, pero el omitir ese detalle te implica empezar a perder la carrera desde el vamos.

Claramente es un camino que ofrece la oportunidad de subirse al tren por miedo a quedar fuera o por inercia, frente a otro camino que sería el de realmente subirse al tren que uno quiere y puede tomar.

Esto implica el no querer ser “todo para todos”. Eso es imposible y generalmente está demostrado que en ese afán es más fácil terminar siendo “nada para nadie”.

Este camino exige una introspección y un diálogo profundo y removedor, que sin dudas no es fácil y complaciente, hay que enfrentarse a los miedos, las carencias, las diferentes miradas e intereses, los tiempos que vuelan y mucho más.

¿Cuál es el modelo de desarrollo turístico que realmente queremos para nuestro país y para nuestros destinos?

Queremos subirnos a lógicas smarts o inteligentes que no resuelven nuestras verdaderas necesidades o realmente queremos utilizarlas para transformar y para generar un modelo que priorice a las personas, a los destinos y en definitiva que sea parte de la solución a las necesidades sociales y humanas que tenemos como sociedad.

Breguemos por modelos turísticos más sostenibles, humanos y resilientes, fuera de las modas y de los mensajes que venden realidades idílicas que van en contra de la propia naturaleza de la actividad

No podemos asistir a un diálogo eterno, porque todos saben esta realidad, los tiempos vuelan y todos los destinos quieren cerrar esas brechas para capitalizarlas a su favor.

Pero si no se hace, se desaprovechan las verdaderas oportunidades que los tiempos actuales ofrecen y que como siempre pasa, no todos están capacitados para capitalizar.

Lo triste, es que no pasa nada, el mundo seguirá con o sin nosotros.

Generemos entonces entramados turísticos que nos permitan estar fuertes, cohesionados y sobre todo con un norte claro hacia dónde queremos ir.

Nuestras fortalezas pasan por:

  1. ser una sociedad segura,
  2. previsible,
  3. con reglas claras de juego,
  4. con aspectos sostenibles fuertes en muchos casos y más flojos en otros,
  5. por estar en una región que no sufre impactos de guerras, ni fenómenos naturales, ni metereológicos graves,
  6. con legislaciones sociales que son fuertes y priorizan a todas las personas.

Juguemos entonces ese partido y no el que nos quieran hacer jugar.

Autor

Para contactar a Mag. Nicolas Raffo o conocer más sobre su trabajo, puede escribirle a Nicoraffo74@gmail.com o por LinkedIn Nicolás Raffo Menoni

Nota

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